La Cámara de Representantes aprobó este miércoles un proyecto de ley que restringe la compra de acciones por parte de congresistas en activo, sus cónyuges e hijos dependientes. El voto fue 232 a 198. Solo 13 demócratas cruzaron el pasillo.
La medida no prohíbe las acciones ya en posesión. Sí obliga a presentar un aviso público ante el secretario de la Cámara con al menos siete días de anticipación antes de vender. Si se viola la norma, la sanción es de 2.000 dólares o el 10% del valor de la transacción, lo que sea mayor, más la devolución de las ganancias.
El problema, según los demócratas, fue el empaque. Los republicanos adjuntaron al proyecto una sección de identificación fotográfica para votar, tomada del polémico SAVE America Act. Eso bastó para que 198 legisladores demócratas, incluidos sus líderes, votaran en contra.
El representante Seth Magaziner, demócrata de Rhode Island, lo dijo sin rodeos: según él, el paquete mezcla «un proyecto de supresión del voto» con una restricción bursátil que, además, «no llega al nivel de prohibición total que el pueblo americano quiere». Magaziner había co-liderado previamente un proyecto bipartidista de prohibición completa que quedó paralizado.
El representante republicano Thomas Massie, de Kentucky, fue más directo aún sobre la maniobra de su propio partido. «No lo hicieron para lograr que los demócratas voten por el ID electoral», escribió en X. «Lo hicieron para que los demócratas voten contra la prohibición del trading, y usarlo en noviembre».
El representante Zach Nunn, republicano de Iowa y uno de los impulsores de la medida, respondió con ironía: «Solo en Washington puedes tener dos victorias para el 90% de los americanos y los demócratas dicen que eso es una victoria de más».
El proyecto aún debe pasar el Senado.
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Que no te lo cuenten. Dos medidas con apoyo popular aplastante — control del trading legislativo e identificación para votar — terminaron atadas en un solo voto. El resultado fue predecible. Los demócratas tuvieron su coartada. Los republicanos, su munición electoral. Y el ciudadano de a pie sigue sin saber si su congresista compra acciones el día antes de votar una ley que las dispara.
Eso es la burocracia en su estado más puro: convertir lo obvio en imposible, y llamarle proceso legislativo.



