Veintisiete años después del accidente aéreo que mató a John F. Kennedy Jr., a su esposa Carolyn Bessette y a la hermana de esta, Lauren, la mujer que estuvo más cerca de él en su vida profesional sigue pensando en lo que pudo haber sido.
RoseMarie Terenzio, quien se desempeñó como directora de personal de Kennedy durante cinco años en la revista George, habló con The New York Post días antes del aniversario de su muerte, ocurrida el 16 de julio de 1999. «El "qué hubiera pasado" nunca desaparece, pase lo que pase. Siempre está esa sensación de: ¿dónde estaría yo ahora? ¿Qué estaría haciendo?», dijo Terenzio.
Su respuesta es clara: «Mi suposición es que probablemente estaría ayudando a construir una biblioteca presidencial en Nueva York».
Las ambiciones de Kennedy no eran un secreto entre quienes lo conocían de cerca. Terenzio reveló que descubrió sus planes cuando le preguntó por qué no se postulaba para alcalde de la ciudad. La respuesta fue directa: «¿Cuántos alcaldes conoces que se conviertan en presidente?». Según Terenzio, Kennedy quería primero ser gobernador de Nueva York —cargo que comparaba con el de un CEO— antes de dar el salto mayor. «Como gobernador eres como un CEO, estás dirigiendo un estado. Y sentía que como senador no podías tomar tus propias decisiones», recordó ella.
Terenzio, oriunda del Bronx y autora del libro de memorias Fairy Tale Interrupted, estaba hospedada en el loft de Tribeca donde Kennedy vivía con su esposa cuando se produjo el accidente. Kennedy la había invitado a quedarse en el apartamento de North Moore Street ese fin de semana después de escucharla desesperada por teléfono intentando reparar su aire acondicionado en un viernes de 90 grados Fahrenheit. Poco después de la medianoche recibió una llamada de Carole Radziwill informándole que la pareja nunca llegó al aeropuerto.
«Me tomó más tiempo del que debería porque parecía tan inconcebible», dijo sobre el momento en que comenzó a comprender la magnitud de lo ocurrido.
En el funeral, celebrado en la Iglesia de Santo Tomás Moro en el Upper East Side, Terenzio fue invitada a leer. Al alzar la vista vio al entonces presidente Bill Clinton entre los asistentes. «¿Qué diablos estoy haciendo aquí arriba?», recordó haber pensado.
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Que no te lo cuenten. La historia de Kennedy Jr. no es solo nostalgia mediática: es el retrato de un hombre que entendía el poder con una lógica de resultados —gobernador antes que senador, CEO antes que legislador— que hoy suena más vigente que nunca frente a una clase política que acumula cargos sin ejecutar nada.
El relato de Terenzio es el de una lealtad real, construida en el trabajo diario, no en las cámaras. En un mundo saturado de figuras que venden cercanía al poder, ella simplemente estuvo ahí, con el aire acondicionado roto, cuando la historia giró para siempre.



