El 8 de octubre de 1976, un granjero que trabajaba su campo cerca de Otterbein, Indiana, encontró una caja de cartón a unos 15 metros de la carretera. Dentro estaba el cuerpo de una mujer de 69 años, con un disparo en la nuca. Las autoridades locales estimaron que la caja llevaba apenas 12 horas en el campo, aunque la víctima había sido asesinada aproximadamente una semana antes.
«Todo el mundo se conocía, así que fue algo muy serio encontrar un cadáver en una caja», dijo Curtis Skoog, quien tenía 16 años cuando su padre hizo el hallazgo, en declaraciones a CBS. «No puedo explicarte lo horrible que me sentí.»
Durante décadas, la mujer permaneció sin identificar. No fue hasta 2021 que la Oficina del Médico Forense del Condado de Benton llevó el caso al DNA Doe Project, una organización especializada en identificar personas no identificadas mediante genética forense.
El análisis del perfil de ADN reveló que la víctima tenía ascendencia croata, lo que complicó la investigación: su ADN solo coincidía en un 1,6% con los perfiles disponibles en las bases de datos. «Sin más personas de ascendencia de Europa del Este que suban sus datos a plataformas como GEDmatch.com, FamilyTreeDNA.com y DNAJustice.org, casos como este seguirán siendo difíciles de resolver», explicó Harmony Vollmer, co-líder del equipo.
El quiebre llegó en 2024. Las investigaciones condujeron al rastro de una mujer croata que emigró a Estados Unidos en 1905 y tuvo una hija al año siguiente. Esa hija fue llevada a un orfanato, pero los registros del censo mostraron que de adulta se mudó de Ohio a Chicago. Su nombre: Jane Hart. En los años 70, simplemente desapareció de los registros públicos.
«Descubrimos documentación adicional de instituciones donde Jane había vivido, así como registros de sucesiones que la vinculaban a su familia», señaló Traci Onders, directora de gestión de casos del DNA Doe Project. La confirmación definitiva llegó cuando familiares sobrevivientes de Hart tomaron pruebas de ADN y los resultados coincidieron.
Cincuenta años después, Skoog —que pasó toda su vida preguntándose quién era la mujer que encontró su padre— pudo finalmente tener una respuesta.
Este caso ilustra algo que los defensores del libre mercado en la ciencia repiten con insistencia: la innovación privada resuelve lo que el aparato estatal archiva. El DNA Doe Project, una organización sin fines de lucro que opera fuera de la burocracia oficial, logró en pocos años lo que las instituciones públicas no pudieron en cinco décadas. El relato de que solo el Estado puede garantizar justicia se cayó solo, una vez más, en un campo de Indiana.



