El candidato demócrata al Senado por Michigan, Abdul El-Sayed, fue cuestionado por sus vínculos con el multimillonario donante George Soros después de criticar a su rival republicano Mike Rogers por aceptar dinero de corporaciones.
El-Sayed respondió durante una entrevista exclusiva con «The Story» el lunes que hay «una gran diferencia» entre ambas cosas. En campaña, sostiene que quiere sacar el «dinero de la política» y ha insistido en que las corporaciones no deberían comprar políticos.
Pero su historial abre una pregunta obvia: ¿aplica la misma vara para todos o solo para sus adversarios? Fox News informó que parte de su educación de posgrado fue financiada por las becas Paul & Daisy Soros para Nuevos Estadounidenses y que Jeffrey Soros, sobrino de George Soros, lo recibió en una recaudación de fondos en Los Ángeles el mes pasado, según imágenes revisadas por Fox News Digital.
Cuando Martha MacCallum le preguntó si esas relaciones minaban su mensaje, El-Sayed respondió: «Cuando personas quieren donar a mi campaña, agradezco su apoyo». También dijo: «Yo no llamo a corporaciones. No llamo a AIPAC… Las personas que quieren apoyar una campaña son distintas».
La nota añade que la maquinaria política de la familia Soros ha canalizado millones a comités políticos que apoyan su candidatura al Senado. Ese dato es incómodo para un aspirante que intenta presentarse como cruzado contra la influencia del gran dinero.
El propio El-Sayed defendió que aceptar apoyo de donantes individuales ricos es distinto de pedir dinero corporativo. Incluso afirmó que las corporaciones no deberían «comprar políticos».
El problema, para él, no es solo de coherencia. Es de credibilidad. Cuando un candidato convierte la denuncia del dinero en su bandera moral, pero aparece rodeado de apellidos poderosos y grandes estructuras de financiamiento, el electorado entiende rápido la doble vara.
Otra vez la doble vara. La burocracia partidista vende discursos de pureza, pero termina dependiendo de los mismos circuitos de influencia que dice combatir. Que no te lo cuenten.


