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Abelardo le cierra la puerta al uribismo y empuja a su amigo Deluque a la presidencia del Senado

El gobierno entrante desafía al Centro Democrático y apuesta por Alfredo Deluque, de La U, para presidir el Senado el 20 de julio. La amistad personal manda sobre el acuerdo político no escrito.
Imagen ilustrativa
viernes 17 de julio de 2026

Las camionetas blindadas rodearon el Grand Hyatt en Bogotá. Adentro, operadores políticos, ministros y congresistas negociaban a puerta cerrada. El objetivo: evitar que el 20 de julio la presidencia del Senado se defina «a voto limpio».

El acuerdo no escrito es claro. El primer año de gobierno, la presidencia del Senado le corresponde al partido de gobierno con la bancada más grande. En este caso, el Centro Democrático, con 17 senadores y su candidato Honorio Henríquez. Paloma Valencia lo dijo sin rodeos: «Se la ganó y lo ratifican los más de 3 millones de votos».

Pero el gobierno entrante tiene otro plan. Abelardo de la Espriella quiere a Alfredo Deluque, senador guajiro de La U y amigo personal suyo «desde hace mucho tiempo», según palabras del ministro del Interior designado, Rodrigo Lara. La amistad pesa más que el protocolo.

Deluque llega a esa votación con viento a favor. Según cuentas de El Colombiano, tiene unos 46 votos. Necesita 52. Lo respaldan La U, los 10 senadores conservadores —Efraín Cepeda confirmó unanimidad—, Cambio Radical y Salvación Nacional. Los liberales también se sumarían, según el mismo diario.

Álvaro Uribe no se quedó callado. El expresidente cuestionó en X la idoneidad de Deluque. Le recordó que votó el presupuesto del primer año del gobierno Petro, la ley de Paz Total y el proceso de paz de 2016. «Extrema coherencia», ironizó.

Deluque respondió a El Colombiano. Dijo que nunca fue petrista y que ejerció una «oposición racional». Reconoció haber votado algunos proyectos del gobierno saliente en sus inicios. Y no negó los rumores de acercamientos con el Pacto Histórico para sumar los votos que le faltan. Según el diario, habría buscado apoyo en la senadora petrista Martha Peralta, también de La Guajira.

Lara intentó cerrar esa puerta. «Me resisto a pensar que el Centro Democrático se va a ir al voto limpio», dijo. Llevar la elección a la plenaria obligaría a buscar votos en la oposición. Un escenario que calificó de «poco probable».

Aquí está el problema real. El nuevo gobierno arranca con una señal de alarma. Desplaza al partido con la bancada más grande de la coalición para poner a un amigo en el cargo más simbólico del Congreso. Quien preside el Senado pone la banda presidencial el día de posesión. Fija la agenda legislativa del primer año. Dirige los debates. No es un cargo menor.

La libre empresa y el orden institucional necesitan un Congreso que funcione con reglas claras. Empezar rompiendo el acuerdo no escrito, y potencialmente buscando votos en el Pacto Histórico para lograrlo, no es una señal de fortaleza. Es una advertencia. Que no te lo cuenten.

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