El New York Times tiene un problema serio. Y esta vez no lo puede enterrar en una corrección discreta al pie de página.
Un grupo de accionistas, encabezado por el National Center for Public Policy Research y respaldado por el National Jewish Advocacy Center (NJAC), envió el martes una nueva carta de exigencia formal. El plazo es el 21 de julio. La demanda: que el directorio entregue sus registros internos. Si no lo hace, el caso va a la Corte Suprema de Manhattan.
Dos firmas de peso se sumaron a la campaña: Grant & Eisenhofer y Schall, Brown & Schwartz. No son nombres menores. Su incorporación complica la estrategia del Times de ignorar la presión.
Esto es la segunda ronda. En mayo, los mismos accionistas ya habían tocado la puerta. El detonante entonces fue una columna de Nicholas Kristof que acusó a fuerzas israelíes de usar perros para agredir sexualmente a detenidos palestinos. Las fuentes tenían vínculos con Hamas. El propio editor ejecutivo del diario admitió después que su redacción «probablemente no habría» publicado «ese artículo exacto».
Ahora el blanco se amplía. Los accionistas cuestionan también la cobertura del Times sobre el candidato al Senado Graham Platner. Una ex novia, Lyndsey Fifield, lo acusó de un patrón de abuso. Según Fifield, entregó a los reporteros testigos, capturas de pantalla y entradas de diario. El Times dijo que no pudo corroborar su relato. La historia no explotó hasta que una segunda mujer, esta vez demócrata, le dijo a Politico que Platner la había violado.
Los abogados señalan que el Times dio explicaciones contradictorias sobre sus estándares. A un medio le dijo que la historia cumplía «nuestros estándares». A otro, que solo incluyó hechos confirmables. Esa inconsistencia, argumentan, justifica abrir el directorio a la inspección de los accionistas.
La carta también recupera un contraste incómodo. En marzo, el Times publicó una nota que enmarcaba a la esposa del representante demócrata Dan Goldman como fuente de controversia por sus «likes» pro-Israel en redes sociales. Días después, trató con guantes de terciopelo a la esposa del alcalde socialista Zohran Mamdani, quien había dado «like» a publicaciones que celebraban la masacre del 7 de octubre. La doble vara quedó documentada, en blanco y negro.
El Times respondió con su argumento habitual. Una portavoz calificó la campaña de «intento claro de silenciar el periodismo protegido por la Primera Enmienda».
Los accionistas dicen que no se trata de política. Se trata de si el directorio está haciendo su trabajo.
Aquí está lo que realmente está en juego. Un directorio que no supervisa su sala de redacción no protege la libertad de prensa. La destruye desde adentro. Los accionistas tienen derecho a saber si quienes custodian el capital están dormidos. Eso no es censura. Es accountability básico. El mismo que el Times exige a todos los demás, menos a sí mismo. Otra vez la doble vara.



