El New York Times publicó esta semana una investigación que sacude al Partido Republicano. El congresista Max Miller, aliado cercano del presidente Donald Trump, enfrenta acusaciones de abuso físico presentadas por su exesposa Emily Moreno. Ella es hija del senador Bernie Moreno, legislador de origen colombiano.
Según los documentos judiciales revisados por el diario, Emily Moreno alega que Miller le lanzó agua hirviendo de una sartén sobre el pecho y el abdomen. También la habría empujado contra una pared golpeándole la cabeza. Le habría apuntado con un arma de fuego a la cabeza. Y, según la denuncia, fracturó la clavícula de la hija de ambos, hoy de dos años, dejándole el hombro lastimado.
Ninguna de estas acusaciones ha sido probada en un tribunal.
Miller las rechaza categóricamente. Ha contraatacado con una ofensiva legal y mediática. Acusa a su exesposa de tener problemas de salud mental, de acosarlo y de fabricar denuncias falsas para destruir su carrera. Presentó una demanda por difamación. Sostiene, además, que la lesión de la niña fue producto de una conducta imprudente de Emily Moreno.
El congresista representa al noreste de Ohio y cursa su segundo período. Su ascenso estuvo ligado directamente a Trump. Durante el primer gobierno republicano fue responsable de la avanzada presidencial. Trump lo respaldó personalmente para ganar su escaño, desafiando a Anthony González, uno de los diez republicanos que votaron por el segundo juicio político tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
La boda entre Miller y Emily se celebró en 2022 en el club de golf de Trump en Bedminster, Nueva Jersey. El entonces expresidente asistió a la ceremonia junto a aliados como Richard Grenell y Kellyanne Conway. Dos años después el matrimonio terminó en divorcio y en una batalla judicial que no deja de escalar.
Según se reporta, sondeos internos republicanos y encuestas demócratas muestran que lo que parecía un escaño seguro se ha convertido en una contienda mucho más cerrada. Algunos dirigentes del partido estudian si existe margen para reemplazar a Miller como candidato antes del cierre de inscripciones.
La organización Giffords exigió este miércoles su renuncia inmediata. «El Congreso no es lugar para abusadores violentos que atacan a su familia y le apuntan con un arma a la cabeza de su esposa. Max Miller debe renunciar ya», dijo Emma Brown, directora ejecutiva de la organización, según el New York Times.
El senador Bernie Moreno, padre de Emily, permanece en silencio público. Un portavoz indicó al diario que «su prioridad es la seguridad y el bienestar de su hija y su nieta», pero que no litigará el asunto en los medios. Pocos líderes republicanos se han pronunciado.
Aquí está el problema de fondo. Un partido que defiende el orden, la familia y el estado de derecho no puede darse el lujo del silencio cómodo. Las acusaciones son graves. Miller las niega. Los tribunales decidirán. Pero la burocracia del silencio partidario tiene un costo político real. Proteger un escaño a cualquier precio es exactamente la lógica de la casta que el votante republicano dice rechazar. Que no te lo cuenten.



