Al Gore pasó tres días en Santiago. Encabezó la 63ª edición del Entrenamiento del Cuerpo de Liderazgo de The Climate Reality Project, celebrada entre el 9 y el 11 de julio. Cientos de activistas, científicos y funcionarios de Chile y América Latina asistieron al evento.
Pero el debate climático no fue lo único que ocupó titulares. Gore aprovechó el micrófono para dos movimientos políticos bien calculados.
El primero: respaldar a Michelle Bachelet. Consultado sobre su eventual candidatura a la Secretaría General de la ONU, el exvicepresidente fue directo. «He trabajado con ella durante muchos años y soy un gran admirador de sus capacidades», afirmó. Luego añadió que «si fuera chileno, ciertamente estaría trabajando duro por su candidatura». Bachelet no asistió al evento por compromisos en el extranjero. Envió un video de saludo.
El segundo movimiento: atacar a Donald Trump. Gore responsabilizó a «la industria de los combustibles fósiles» de haber instalado la polarización política sobre el clima. Sostuvo que Trump ha profundizado ese escenario. «La industria de los combustibles fósiles se ha vuelto mucho más efectiva capturando políticos que capturando emisiones», sentenció.
Sin embargo, los propios datos que citó Gore complican su relato. Reconoció que durante el primer mandato de Trump la energía solar se duplicó en Estados Unidos. Las ventas de vehículos eléctricos también se duplicaron. Y agregó que en el primer año del segundo mandato, el 92% de toda la nueva generación eléctrica instalada en el país fue renovable. «A pesar de Trump», aclaró.
Sobre su documental «Una verdad incómoda», que cumple dos décadas, Gore defendió sus proyecciones. Admitió que la desaparición de la nieve en el Kilimanjaro —una de sus predicciones— no se cumplió. Insistió en que «las predicciones de los científicos han resultado correctas».
Chile apareció repetidamente en su exposición. Gore destacó el potencial solar de Atacama, el eólico de la Patagonia y el desarrollo de la industria del litio. También mencionó el rechazo a un proyecto de data center en el país por su consumo hídrico.
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Que no te lo cuenten. Gore llega a Santiago, elogia a una expresidenta de izquierda, fustiga a Trump y vende su gira como ciencia pura. Es política con bata de laboratorio. El aparato climático internacional tiene candidatos favoritos, agenda propia y acceso irrestricto a foros globales. Todo financiado, en última instancia, por contribuyentes y consumidores de energía.
El dato que Gore mismo aportó lo dice todo: el mercado avanza hacia las renovables con o sin decreto estatal. Eso debería ser la noticia. En cambio, el titular lo copan los dardos contra Trump y el espaldarazo a Bachelet. La doble vara de siempre: cuando el mercado produce resultados que gustan, el mérito es de la política; cuando no, la culpa es de los empresarios.



