El histórico dirigente del Partido Socialista (PS) y expresidente del Senado, Camilo Escalona, murió la noche del viernes producto de un cáncer agresivo. El deceso ocurrió cerca de las 20.00 horas en la Clínica Indisa, rodeado de familiares y compañeros del partido al que perteneció desde los 13 años.
Quien lo despidió públicamente fue Andrés Allamand, exsenador de Renovación Nacional (RN) y viejo rival ideológico. Los caminos de ambos estuvieron entrelazados por más de 50 años, «a pesar de pertenecer a veredas políticas distintas», según relató el propio Allamand.
«Conocí a Camilo en los años 70, cuando fuimos candidatos a la Federación de Estudiantes (Feses). Él, representante de la Unidad Popular, yo del Partido Nacional», recordó el exparlamentario. Después, dijo, «coincidimos como presidentes de partido, como senadores, como diputados y la verdad es que siempre le tuve el mayor respeto, fundamentalmente por su compromiso».
Allamand fue más allá al describir la trayectoria de su adversario: «Tuvo un compromiso de vida con sus ideas. Siempre tuvo causas colectivas, nunca tuvo ningún interés individual. Por eso que, ahora que no está, hay que reconocerle su generosidad y su trayectoria».
Los homenajes a Escalona continuaron este sábado. Sus restos fueron trasladados hasta la sede del PS en el centro de Santiago y luego serían llevados durante la jornada al Senado, donde será velado.
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Que un dirigente de RN dedique estas palabras a un histórico del PS —fundador de la Unidad Popular que Allamand combatió desde el Partido Nacional— no es un dato menor. Es el retrato de una época en que la política chilena, con todas sus trincheras, todavía distinguía entre el adversario y el enemigo.
Hoy, cuando el debate público se resuelve a insultos y descalificaciones cruzadas, el gesto de Allamand funciona casi como una crítica silenciosa al presente: se puede discrepar durante décadas, competir por el poder, representar proyectos irreconciliables, y aun así reconocer en el rival un compromiso genuino con sus ideas. Esa es una forma de altura política que escasea. Que no te lo cuenten como nostalgia vacía: es, sencillamente, lo que la casta actual dejó de practicar.



