El Huntington Hospital de Pasadena cerró sus puertas a visitantes externos este viernes por la mañana. La razón: una amenaza de bomba. La Policía de Pasadena respondió de inmediato y desplegó unidades K-9 para rastrear el edificio en busca de paquetes o dispositivos sospechosos.
La amenaza provino, según CBS LA, «de un grupo conocido por las autoridades y los medios». No se han dado más detalles sobre su identidad.
El hospital confirmó la situación. Dorey Huston, directora de Relaciones Públicas del Huntington, declaró: «Huntington Hospital está respondiendo a una amenaza. El Departamento de Policía de Pasadena respondió de inmediato a nuestro campus y está investigando». Huston precisó que el recinto permanece abierto para personal y pacientes, pero con protocolos de revisión activos.
Los pacientes de emergencia fueron desviados a otros hospitales del área. El centro canceló además numerosos procedimientos electivos y citas médicas de rutina. Imágenes aéreas mostraron múltiples unidades policiales estacionadas en el lugar.
El Huntington Hospital es afiliado de Cedars-Sinai. Cuenta con 625 camas. Alberga el único centro de trauma de nivel II en todo el Valle de San Gabriel, según el Condado de Los Ángeles. Fue recientemente calificado como el hospital mejor posicionado del Valle de San Gabriel y uno de los diez mejores de California.
Ninguna evacuación fue ordenada al momento del cierre.
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Una amenaza anónima basta para paralizar el único centro de trauma de nivel II en una región de millones de personas. Eso no es un accidente. Es el resultado de tolerar durante años la impunidad de quienes usan el terror como herramienta de presión.
Mientras el aparato estatal californiano destina recursos a debates de identidad y programas de «justicia restaurativa», los hospitales reciben amenazas de grupos «conocidos por las autoridades». Conocidos, pero no neutralizados. Que no te lo cuenten de otra manera.



