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Amenazó con matar a Bush y a Obama, confesó dos veces y salió con 21 meses: así funciona la «justicia» para quien ataca al Estado

Teddy Bear Paradise acumuló tres condenas federales por amenazar a presidentes en ejercicio. El sistema la procesó, la soltó y volvió a procesarla.
Imagen ilustrativa
sábado 15 de agosto de 2026

Una mujer de Houston, Texas, conocida como «Teddy Bear Paradise» —nombre legal que adoptó tras llamarse Denise O'Neal— fue condenada el 19 de noviembre de 2014 a 21 meses de prisión por amenazar de muerte al entonces presidente Barack Obama. Era la segunda vez que enfrentaba cargos federales por amenazar a un presidente en ejercicio.

La cadena comenzó el 28 de noviembre de 2013, Día de Acción de Gracias. Ese día envió una carta manuscrita de 16 páginas a Obama anunciando que viajaría a Washington DC para matarlo. Aproximadamente un mes después, dos agentes del Servicio Secreto se presentaron ante ella. Lejos de retractarse, les confirmó su intención y añadió que, si no podía hacerlo ella misma, buscaría a otra persona para cometer el crimen. Fue arrestada el 26 de diciembre de 2013 en Houston y quedó detenida sin derecho a fianza.

El 15 de agosto de 2014 se declaró culpable ante un tribunal federal. El fiscal federal Kenneth Magidson anunció públicamente la declaración de culpabilidad; la fiscal auxiliar Julie Searle llevaba la acusación. La sentencia la dictó el juez federal Gray H. Miller. Por ese cargo, Paradise enfrentaba hasta cinco años de prisión federal y una posible multa de 250.000 dólares.

No era la primera vez. En 2005, viviendo en San José, California, ya había sido condenada por enviar cartas amenazantes. En enero de 2009 enfrentó cargos federales en Carolina del Norte por amenazar a su agente de libertad condicional: 37 meses de prisión más tres años de libertad supervisada. Esa condena debía cumplirse simultáneamente con otra idéntica por haber enviado desde Hawái, en 2008, una carta amenazando con matar al entonces presidente George W. Bush —cargo del que se declaró culpable en agosto de 2010—.

Tres episodios judiciales. Tres declaraciones de culpabilidad. Una misma persona sin domicilio fijo que firmaba sus cartas con un nombre de fantasía.

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Que no te lo cuenten. El caso de Teddy Bear Paradise no es una rareza de crónica roja: es un manual de lo que ocurre cuando el aparato judicial procesa, condena y libera a alguien con un historial documentado de amenazas contra los jefes de Estado, sin que el ciclo se interrumpa. Tres presidentes distintos —Bush, Obama, y el agente de libertad condicional que representaba al Estado— aparecen en su expediente. El resultado acumulado: décadas de trámites, audiencias y condenas que no cortaron el patrón.

El principio en juego es elemental: la seguridad del orden público no se garantiza con sentencias que se cumplen en paralelo y se reducen a meses. Cuando la burocracia judicial convierte amenazas reiteradas contra el Estado en una suma de condenas concurrentes, el mensaje que envía no es de disuasión. Es de administración. Y administrar el peligro no es lo mismo que eliminarlo.

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