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Andrew Klavan publica un prólogo bélico sobre la guerra, el vacío y la nostalgia de casa

El autor adelanta Find Me Nowhere con una escena marcada por el combate, el deseo y la desorientación de un soldado. El relato convierte la guerra en una experiencia de extraña claridad frente al tedio de la vida civil.
miércoles 14 de octubre de 2026

Andrew Klavan difundió el prólogo de su próxima novela, «Find Me Nowhere», prevista para el 27 de octubre de 2026 por The Mysterious Press/Simon & Schuster. El texto presenta a Jonah Henning, llamado Dooby por sus compañeros, y abre con la imagen de una mujer que, para él, parece casi «trascendente» y hasta «santa».

La escena lo sitúa en un convoy de cuatro vehículos MRAP, avanzando por una ruta estrecha cerca de Ibram Kalay. Según el prólogo, el mando recibió información de que unos «scarabs» se estaban reuniendo cerca de la aldea. El propio texto aclara que ese era el apodo de los enemigos de la temporada.

Klavan mezcla esa marcha militar con recuerdos de la vida anterior del personaje. Antes de alistarse, Dooby tocaba el piano por las noches en un restaurante de Malibu y surfeaba de día en Paradise y Dume. Vivía en una casa en las colinas con otros hombres. También vivía rodeado de mujeres que, según la narración, iban y venían sin dejar nombre.

La pieza insiste en una idea incómoda: el personaje descubre en la guerra una forma de plenitud que no encontraba en la comodidad de California. El prólogo dice que, con el tiempo, «paradise got old on you». También afirma que las drogas embotaban, que el sexo no era eterno y que incluso la vida soñada terminaba vaciándose.

Esa tensión sostiene toda la apertura. La mujer que ve al inicio no solo lo conmueve. Le devuelve la pregunta por el sentido de su propia vida. «What the hell am I doing here at war?», piensa el personaje. Esa pregunta es el motor del arranque.

Klavan no presenta la guerra como simple espectáculo. Presenta el caos, la desorientación y la rutina del peligro. Y, al mismo tiempo, enfrenta esa crudeza con una crítica a la falsa comodidad de una vida sin propósito. El contraste está claro. La frontera entre civilización y guerra no aparece como virtud automática. Aparece, más bien, como una prueba brutal de qué vacío puede esconder la normalidad.

Que no te lo cuenten. El relato se cae solo cuando la paz solo ofrece anestesia y la guerra se vuelve, para un personaje, el único sitio donde siente estar despierto. Esa es la provocación literaria del prólogo. Y también su golpe más duro.

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