Alexandria Ocasio-Cortez, congresista demócrata por Nueva York, apareció el domingo en el programa «This Week» de ABC para distanciarse, entre risas, de los excesos del movimiento socialista que ella misma contribuyó a impulsar.
El conductor Jon Karl le preguntó por Francesca Hong, candidata que busca la nominación demócrata en Wisconsin, quien ha defendido posiciones como cancelar el Día de Acción de Gracias o abolir las prisiones. Hong ha intentado retractarse de algunas de esas posturas en plena campaña.
La respuesta de Ocasio-Cortez fue reveladora: «Tengo un concejal local que tiene este dicho: 'Woke 1 estaba loco'», dijo riendo. Su consejo: juzgar a los candidatos por lo que dicen ahora, no por lo que dijeron antes.
Karl no la dejó pasar tan fácil. Le recordó que ella misma había apoyado el desfinanciamiento de la policía. Ocasio-Cortez explicó que esos comentarios se produjeron «durante el apogeo de los cierres por COVID», cuando —según sus palabras— «las puertas estaban muy abiertas para explorar cualquier política». Añadió que «la retórica de ese tiempo no es la retórica que usaríamos hoy».
El problema es que el programa nacional de los Socialistas Demócratas de América (DSA), organización a la que pertenece Ocasio-Cortez según la fuente, todavía incluye la abolición de la policía entre sus posiciones. Karl lo señaló en el mismo programa.
Mientras tanto, el ecosistema socialista sigue generando turbulencias dentro del Partido Demócrata. El streamer Hasan Piker ha hecho afirmaciones que él mismo calificó de «intencionalmente provocativas» al decir que Hamás es «mil veces mejor» que Israel. El senador John Fetterman ha desafiado públicamente al candidato Abdul El-Sayed a seguir haciendo campaña junto a Piker. Por su parte, Piker ha pedido que los demócratas que se opongan a El-Sayed sean «castigados», según informan los titulares recogidos por Fox News.
Lo que Ocasio-Cortez no puede borrar con una broma.
El giro táctico de AOC es manual de supervivencia política, no conversión ideológica. Reírse del «Woke 1» no desmonta el aparato que lo construyó: la DSA sigue con su plataforma intacta, los candidatos que ella respalda siguen en carrera y el movimiento sigue exigiendo lealtad interna bajo amenaza de «castigo». La doble vara es perfecta: el radicalismo fue útil cuando movilizaba bases; ahora que asusta a votantes moderados, se convierte en chiste de campaña. El contribuyente que pagó el coste real de las políticas de «defund» —en seguridad pública deteriorada y comunidades abandonadas— no tiene el lujo de reírse y pasar página.



