El relato se está armando con tiempo. Alexandria Ocasio-Cortez y Zohran Mamdani, el flamante alcalde de Nueva York que derrotó al exgobernador Andrew Cuomo, han pasado de la desconfianza mutua a una alianza que, según reporta The New York Times y recoge La Nación, ya tiene proyección presidencial para 2028.
No fue amor a primera vista. A principios de 2025, AOC cuestionó públicamente la experiencia de Mamdani para gobernar la Gran Manzana. Sus aliados lo llamaban el «Quijote de Queens». Pero conforme Mamdani subía en las encuestas, la congresista recalculó. «Alex es una estratega», dijo la representante Nydia Velázquez, una de las primeras en respaldar al alcalde. «Sabe cuál es el mejor momento para atacar».
Lo que siguió fue coordinación real: AOC envió a su propia jefa de gabinete para preparar a Mamdani en los debates. Se convirtió, según la asambleísta de Brooklyn Emily Gallagher, en «como una hermana mayor» para él.
Ahora la dirección apunta hacia arriba. Según Axios, el equipo de Ocasio-Cortez evalúa una postulación tanto a la presidencia como al Senado de Estados Unidos en 2028. Y aquí entra el valor estratégico de Mamdani: con una popularidad que oscila entre el 48% y el 58%, el alcalde podría mejorar la imagen de AOC entre los votantes de izquierda que todavía dudan de algunas de sus posiciones pasadas. «La alianza ahora mismo la beneficia más a ella», señaló Theodore Hamm, profesor de periodismo y autor de la biografía Meet Mayor Mamdani, citado por El País.
El propio Mamdani ya salió a respaldarla sin ambigüedades: «Será buena en todo lo que haga. Es una gran congresista y, sin importar lo que decida hacer, llevará esas mismas cualidades a cualquier trabajo», declaró al Times.
Del otro lado, Donald Trump y los republicanos no están esperando. Según El País, ya utilizan esta asociación para atacar al Partido Demócrata, sosteniendo que representa una amenaza vinculada al comunismo.
Y aquí está el principio en juego. Una alianza entre una socialista declarada y un alcalde cuya plataforma incluye expansión del aparato estatal neoyorquino no es solo una jugada de primarias: es la señal más clara de hacia dónde quiere mover el ala izquierda del Partido Demócrata el eje de la política nacional. Libre empresa, gasto controlado y gobierno limitado no figuran en ese programa. Los contribuyentes de Nueva York, y eventualmente los del resto del país, son quienes pagan la factura del experimento. Que no te lo cuenten.



