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Apuñaló a su enfermera en pleno Upper East Side por una discusión sobre su mascarilla de oxígeno

Barbara Salberg, de 66 años, acuchilló a su cuidadora en el abdomen dentro de un lujoso edificio de Manhattan. La víctima fue hospitalizada; la agresora enfrenta cargos de asalto y posesión ilegal de arma.
Imagen generada con IA
domingo 9 de agosto de 2026

Una residente de un exclusivo edificio de cooperativas en el Upper East Side de Nueva York apuñaló a su cuidadora domiciliaria el sábado pasado, según fuentes citadas por The New York Post.

Barbara Salberg, de 66 años, acuchilló a la auxiliar —una mujer de 54 años cuya identidad no fue revelada— en el abdomen durante una discusión sobre su mascarilla de oxígeno. El incidente ocurrió alrededor de las 12:30 p.m. en un apartamento de la planta baja del edificio ubicado en 210 East 73rd Street.

La víctima fue trasladada en ambulancia al hospital Weill Cornell, donde quedó en condición estable. Salberg fue arrestada y enfrenta cargos de asalto y posesión criminal de un arma.

El edificio donde ocurrió el ataque no es precisamente un bloque de vivienda social: según datos de StreetEasy citados por The Post, los apartamentos de un dormitorio en esa dirección se cotizan hasta en 700.000 dólares.

Un vecino del edificio relató al mismo medio que, momentos antes del incidente, escuchó a la cuidadora hablar por teléfono en un tono que dejaba entrever la tensión acumulada. «Hago todo por ti, te lavo la ropa, me ocupo de ti, me ocupo de cada pequeña cosa», la oyó gritar, según su testimonio.

El hombre contó que acababa de regresar de hacer sus mandados y fumaba un cigarrillo cuando la auxiliar le pidió uno. Él dijo que no. Poco después escuchó los gritos.

La escena es tan cotidiana como perturbadora: una trabajadora que cuida a otra persona las 24 horas, que lava su ropa y gestiona su vida, termina con una herida de arma blanca en el abdomen. No hay relato político que envuelva esto con un lazo prolijo.

Lo que sí merece señalarse es el contexto: el cuidado domiciliario es uno de los sectores laborales más vulnerables de Estados Unidos. Son trabajadoras —en su mayoría mujeres, muchas inmigrantes— que operan en la intimidad de hogares ajenos, sin cámaras, sin testigos y, como quedó demostrado este sábado, sin ninguna garantía de seguridad. El aparato regulatorio que tanto gusta de dictar normas sobre cada rincón de la vida laboral brilla por su ausencia cuando el riesgo es real y ocurre puertas adentro. Que no te lo cuenten.

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