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Opinión · Análisis

Ariana Grande se retira del ojo público mientras sus representantes culpan al escrutinio ajeno

La cantante anunció un alejamiento de la vida pública tras meses de polémica por su apariencia física. Su equipo apunta a los fans; sus fans apuntan a algo más serio.
Imagen ilustrativa
lunes 3 de agosto de 2026

Ariana Grande tiene 33 años, una gira en curso y un problema que sus representantes se niegan a nombrar por su nombre.

La cantante y actriz —conocida desde adolescente por el programa de Nickelodeon «Victorious» y más recientemente por su papel de Glinda en «Wicked»— anunció este fin de semana que se alejará de la visibilidad pública una vez concluya el Eternal Sunshine Tour, cuya fecha de cierre es el 1 de septiembre.

«Ariana tomará un paso atrás de la visibilidad después de completar el Eternal Sunshine Tour», dijo su representante. El comunicado añadió que «espera terminar la gira en una nota alta, tanto saludable como felizmente», y justificó la decisión por «el escrutinio público interminable y continuo» que, según el equipo, ha provocado su trabajo y apariciones públicas.

La narrativa oficial es transparente: el problema no es ella, son ustedes.

Esa ha sido la postura de Grande durante años. En un video de TikTok en 2023, la cantante pidió que la gente fuera «más gentil y menos cómoda comentando los cuerpos de otras personas, sin importar qué». Reconoció que algo ocurría —«nunca sabes lo que alguien está atravesando»— pero cerró la puerta a cualquier conversación pública al respecto. Durante la gira de prensa de «Wicked», volvió sobre el tema: «He escuchado cada versión de lo que está mal en mí. Y luego lo corriges, y está mal por otras razones».

El viernes, Grande lanzó el video musical de su canción «Petals», en el que interpreta a una artista sometida a las exigencias cambiantes e imposibles de la industria. En una escena, un hombre detrás de un escritorio escribe una nota que dice «no vendría mal perder unas libras». El mensaje del video es claro: la crítica a su cuerpo es equivalente a cualquier otra forma de acoso estético.

Pero los comentarios de los fans no acompañaron esa lectura. «No se trata de querer a la Ariana de antes. Se trata de querer que esté sana», escribió uno de los comentarios más votados. «A estas alturas estoy juzgando a su equipo, amigos y familia. Esto es una locura», dijo otro.

En 2018, Grande le dijo a la BBC que ser un modelo a seguir honesto era su compromiso: «Mientras sea honesta y genuina y comparta con mis fans mi yo más verdadero, eso es lo mejor que puedo hacer». Es una promesa difícil de sostener cuando la respuesta institucional a la preocupación de millones de personas es un comunicado que les pide que se callen y esperen al 1 de septiembre.

Lo que está en juego aquí no es feminismo ni privacidad. Es la diferencia entre una cultura que permite decir la verdad y una industria del entretenimiento que ha aprendido a blindar a sus estrellas con el lenguaje del autocuidado. Cuando el equipo de una artista convierte la preocupación legítima de sus seguidores en «escrutinio interminable», no la está protegiendo: la está aislando. Que no te lo cuenten.

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