La gobernadora de Arkansas, Sarah Huckabee Sanders, presentó este martes los primeros resultados del programa de Cuentas de Libertad Educativa del estado y los números respaldan la apuesta.
Según Sanders, los estudiantes participantes en el programa superaron el promedio nacional en matemáticas e inglés. Además, la gobernadora afirmó: «En cada materia, el año pasado vimos un aumento del 20% en el rendimiento de nuestros estudiantes».
El programa entrega a las familias elegibles alrededor de $8,000 por estudiante cada año escolar para cubrir matrícula en escuelas privadas, charter o educación en casa. Unos 50,000 estudiantes han participado en el ciclo pasado o se han inscrito para el próximo, según indicó la gobernadora en una entrevista con Fox & Friends.
Lo que distingue el modelo de Arkansas de otras propuestas similares es que no sacrifica la escuela pública en el altar de la elección: el estado aumentó simultáneamente el financiamiento a las escuelas públicas, elevó el salario inicial de los maestros y garantizó un aumento de al menos $2,000 para más de 12,000 educadores. A eso se suman «coaches de alfabetización» desplegados en escuelas con bajo rendimiento.
«Los padres deben tener la libertad y el poder para decidir qué es lo mejor. Creo que cada niño puede aprender cuando se le dan los recursos, el entorno y la oportunidad correctos», dijo Sanders, quien citó su experiencia como madre de tres hijos para cuestionar el modelo de talla única.
«El dinero está siguiendo verdaderamente a los estudiantes», agregó la gobernadora.
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Que no te lo cuenten. Durante años, el establishment educativo vendió una sola verdad: más presupuesto centralizado, más burocracia sindical, menos opciones para las familias. Arkansas acaba de poner esa narrativa bajo presión con datos propios.
El modelo Sanders no es ideología pura: es libre empresa aplicada al aula, con competencia que obliga a mejorar incluso a las escuelas públicas que permanecen en el sistema. Cuando el dinero sigue al estudiante y no al aparato, los incentivos cambian. Los resultados preliminares en Arkansas sugieren que esa lógica funciona. El relato del monopolio educativo tiene cada vez menos dónde esconderse.



