Un oficial de la Policía de Nueva York fue arrestado el miércoles por la noche acusado de violar en múltiples ocasiones a un menor familiar suyo en Brooklyn. El oficial Joshua Acosta, de 39 años, enfrenta tres cargos de violación, tres de conducta sexual indebida, dos de conducta sexual continuada contra un menor y uno de actuar de manera perjudicial para un niño, según informaron las autoridades.
Los incidentes presuntamente comenzaron en 2021 y se extendieron hasta el mes pasado. La víctima era menor de edad cuando ocurrieron los supuestos delitos, aunque su edad exacta no fue divulgada.
Según registros departamentales en línea, Acosta estaba asignado a una unidad que trabaja con policías que enfrentan demandas relacionadas con sus acciones en servicio. Desde su arresto, fue suspendido sin sueldo.
El caso fue investigado inicialmente por la Oficina de Asuntos Internos del departamento y luego referido a la fiscalía del distrito de Brooklyn, de acuerdo con fuentes policiales.
Los abogados defensores Jason Goldman y David Gelfand emitieron una declaración escrita en la que afirmaron: «Nuestra oficina ya tiene en su poder evidencia que apunta a la inocencia de nuestro cliente. Estas acusaciones son indudablemente graves pero, más importante aún, son demostrablemente falsas. Es profundamente desafortunado que el oficial Acosta, quien tiene un historial intachable, vea su reputación manchada por acusaciones fabricadas. Esperamos limpiar su nombre con rapidez».
El proceso de lectura de cargos estaba pendiente el jueves por la tarde, según informaron los fiscales.
Que no te lo cuenten. Un caso así exige dos cosas que el sistema debe garantizar sin excepción: investigación rigurosa y presunción de inocencia hasta que un tribunal decida. La defensa alega falsedad y dice tener pruebas; la fiscalía tiene los cargos. Eso se dirime en un juzgado, no en una rueda de prensa.
Lo que sí es innegable es el daño institucional: cuando un agente del orden —precisamente quien debería proteger a los más vulnerables— queda en el centro de acusaciones de esta gravedad, la confianza pública se resiente. La respuesta correcta no es ni linchar al acusado antes del juicio ni blindarlo por la placa. Es dejar que la ley opere. Para eso existe.



