Tony Romo, exmariscal de campo de los Dallas Cowboys y actual analista principal de la NFL en CBS, fue arrestado la semana pasada en Milwaukee acusado de conducir en estado de ebriedad —delito tipificado en Wisconsin como Operating While Intoxicated (OWI)—. Era su primera ofensa. Ya fue liberado.
Las imágenes de la cámara corporal, difundidas el martes por la Oficina del Sheriff del Condado de Milwaukee, muestran a una agente deteniendo a Romo en la Interestatal 43 por adelantamiento inseguro por la derecha, desviación en la calzada y cruzar la zona de seguridad triangular entre la autopista y el acceso.
Cuando la agente le preguntó cuántas bebidas había consumido, Romo respondió: «Cero». Luego, ante la solicitud de someterse a las pruebas de sobriedad, intentó consultar a su abogado antes de acceder. La oficial lo esposó en el puente y lo trasladó a un estacionamiento con superficie plana para realizar las pruebas.
Lo que vino después quedó grabado. Romo no logró completar correctamente los nueve pasos talón-punta y en un momento llegó a ponerse en cuatro patas. «Perdón, dos cirugías de espalda, me duele», explicó. Al pedírsele que se sostuviera en un pie durante 30 segundos, perdió el equilibrio a los 20. Cuando la agente le ofreció la prueba de aliento preliminar, fue directo: «No, eso no lo hacemos. Todos los abogados dicen: nunca hagas eso».
La oficial consignó en su reporte que Romo presentaba «ojos rojos y vidriosos» y «olor a bebida alcohólica». Ella y otros agentes reportaron haber encontrado «unos cuantos shooters» en su mochila. Romo niega haberlos bebido.
Romo se retiró de la NFL tras la temporada 2016 después de 13 años con los Cowboys, donde sigue siendo el líder histórico de la franquicia en touchdowns por pase con 248. Desde 2017 trabaja para CBS Sports y en 2020 firmó una extensión de contrato reportada en 180 millones de dólares por diez años.
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El video no deja mucho espacio para el relato alternativo. Un hombre que cobra una fortuna por analizar el desempeño ajeno bajo presión, falló las pruebas más básicas y recurrió al manual clásico: llamar al abogado, negar, negarse al aliento. La ley aplica igual para todos —o debería—. Que las cámaras corporales existan y se publiquen es, en este caso, exactamente para lo que sirven: que no te lo cuenten.



