Andrea Balladares lo dijo sin rodeos. La presidenta de Renovación Nacional y senadora por el Maule tiene un mensaje para los partidos del oficialismo chileno: el foco es empleo y seguridad. Todo lo demás sobra.
El contexto es conocido. El Partido Republicano, a través de Arturo Squella, puso sobre la mesa la privatización de Codelco. Otros sectores empujaron una agenda valórica para después de la megarreforma. Balladares no lo dice con insultos. Lo dice con claridad: «Este no era el minuto».
Su argumento es electoral y contractual al mismo tiempo. Kast ganó con el 58% de los votos. Lo hizo con tres promesas concretas: reactivar el crecimiento, generar empleo, recuperar seguridad. Ese mandato, dice Balladares, no caduca porque un partido quiera ocupar titulares.
La senadora identifica dos prioridades urgentes. Primera: reactivación económica. Medidas de corto plazo para el segundo semestre y reformas de largo plazo en materia laboral y de mercado de capitales. Segunda: seguridad. Destaca la «batería de cosas urgentes» que prepara el ministro Arrau.
Sobre RN y su propia coherencia, Balladares no esquiva la pregunta incómoda. Reconoce que de su partido también han salido iniciativas fuera del núcleo duro: la reforma a las acusaciones constitucionales y la reestructuración del INDH. Su defensa es que surgieron de la contingencia, no de un afán de marcar territorio. Creíble o no, al menos lo reconoce.
El dardo más claro va dirigido al Partido Libertario. «Decidieron no ser parte del gobierno», dice. Tienen su agenda. Y esa agenda, según Balladares, no coincide con la de los partidos que sí están adentro.
Que no te lo cuenten. Lo que está en juego aquí no es solo disciplina de coalición. Es algo más simple y más importante: si un gobierno de libre mercado llega al poder con una agenda concreta, tiene la obligación de ejecutarla antes de dispersarse. Cada semana de ruido político es una semana menos de reforma real. El contribuyente chileno no votó por un seminario de ideas. Votó por resultados. Balladares, al menos, parece entenderlo. El desafío es que el resto de la coalición también lo entienda antes de que el relato se caiga solo.



