Charles Barkley no se muerde la lengua. Nunca lo ha hecho. Y en su aparición en The Kittle Cast —el podcast del ala cerrada de los 49ers, George Kittle, y su esposa Claire— volvió a demostrarlo.
El tema: qué hacer con el cuerpo cuando te retiras del deporte de élite. Barkley tenía una lista. De lo que se puede hacer. Y de lo que no.
El pickleball cayó directo en la segunda columna.
«Hay pocas cosas que puedes hacer cuando te haces viejo», dijo Barkley. «No puedes salir a jugar baloncesto.» Hasta ahí, razonable. Luego vino el golpe: «Y déjame decirte algo. Tienen esta estupidez que anda por ahí llamada pickleball, que es como los viejos se están lastimando todo el tiempo».
No se quedó ahí. Citó a sus amigos médicos. «El pickleball es el regalo que no para de dar», afirmó Barkley. «Porque todos estos viejos se están matando y lastimando todo el tiempo. Mis amigos doctores están en el cielo ahora mismo».
Kittle confirmó haber escuchado lo mismo. Mencionó ligamentos cruzados rotos y muñecas fracturadas como lesiones frecuentes entre los practicantes del deporte que, según la fuente, es el de mayor crecimiento en la comunidad de mayores de 55 años en Estados Unidos.
El propio autor del artículo original en Fox News se sumó al diagnóstico. Contó que se unió al «culto del pickleball» en 2023. Tenía 30 años. Buscaba un hobby tranquilo. Se encontró con exempleados universitarios con paletas de 200 dólares y vincha al estilo Björn Borg. Nada de abuelos relajados.
Su conclusión: si sigues en forma para jugar pickleball como si fuera el quinto set de un Grand Slam, simplemente ve a jugar tenis.
Hay algo revelador en todo esto. El pickleball se vendió como la solución perfecta: deporte accesible, bajo impacto, ideal para la tercera edad. El relato fue impecable. Los consultorios ortopédicos cuentan otra historia. Rodillas, muñecas, caderas. El entusiasmo sin preparación física tiene un precio, y lo paga quien lo practica.
Barkley, con su brutalidad habitual, dijo lo que muchos piensan. No todo lo que se mercadea como saludable lo es. No toda moda deportiva es apta para todos los cuerpos. Y a veces la honestidad directa —sin filtros de bienestar ni eufemismos de coach de vida— vale más que cualquier campaña de marketing.
Que no te lo cuenten.

