Las juezas Amy Coney Barrett y Elena Kagan comparecieron el martes ante el Subcomité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes para defender el presupuesto de la Corte Suprema para el año fiscal 2027: 228,4 millones de dólares, un aumento de casi 10% respecto a los 207,8 millones aprobados para 2026. Es la primera vez desde 2019 que magistrados en funciones testifican ante el Congreso.
Barrett no llegó con cifras abstractas. Llegó con historia propia.
En la primavera de 2022, tras la filtración del borrador de la opinión en Dobbs v. Jackson Women's Health Organization —el fallo que devolvió la política de aborto a los estados y revirtió Roe v. Wade—, su equipo de seguridad la envió a casa con un chaleco antibalas. «Lo llevé a mi habitación, lo dejé sobre la mesa, me di vuelta, y mi hijo de 12 años estaba en el umbral preguntando qué era y por qué lo tenía», relató Barrett. «No supe cómo responder. No esperaba que prestar este servicio me pusiera en la posición de explicarle a mis hijos qué es un chaleco antibalas y por qué tenía que usarlo».
Eso no fue todo. En mayo pasado, su hogar fue blanco de un ataque de swatting: alguien reportó falsamente disparos y voces amenazantes en su domicilio. «Uno de mis hijos adolescentes abrió la puerta para salir con amigos y vio la calle llena de patrullas», dijo Barrett. Gracias a la presencia de la Policía de la Corte Suprema, se evitó que los agentes del condado entraran al inmueble.
Kagan aportó los números. Las amenazas contra la Corte crecieron 38% este año, tras un alza de 25% el año anterior. La Policía del Capitolio reportó un incremento de 50% en amenazas contra el Congreso en el mismo período. Desde enero de 2026, el Servicio de Alguaciles de EE.UU. registró 512 investigaciones de amenazas contra jueces federales, de un universo de 2.600 magistrados activos, frente a 807 investigaciones durante todo 2025.
Nicholas Roske, el californiano de 29 años que en 2022 planeó asesinar al juez Brett Kavanaugh en su casa de Maryland, fue sentenciado a más de ocho años de prisión. Roske dijo a la policía que actuó motivado por la filtración del fallo sobre el aborto.
Sobre si el presupuesto solicitado cubre ya la seguridad residencial de los magistrados, Barrett fue directa: «No, todavía no». Kagan agregó que el próximo presupuesto tampoco lo logrará del todo, aunque «nos acercará más». En cuanto a la ciberseguridad, Barrett advirtió que los ataques han crecido «por magnitudes año tras año» y que el avance de la inteligencia artificial los hace cada vez más sofisticados.
Que no te lo cuenten: el Estado exige a sus jueces que fallen sin miedo y sin favores, pero no les garantiza que puedan llegar a casa sin un chaleco antibalas. El dinero de los contribuyentes que hoy se discute no es gasto burocrático; es el costo mínimo de mantener en pie una rama del gobierno que funciona como contrapeso real del poder. Cuando las amenazas crecen al ritmo que documentan Kagan y Barrett, la pregunta no es si el presupuesto es demasiado alto. La pregunta es quién está detrás del clima que lo hace necesario.



