Karen Bass y Nithya Raman convirtieron un foro de campaña en South Los Angeles en un intercambio áspero sobre el futuro de Los Ángeles. La alcaldesa y la concejal se lanzaron acusaciones directas sobre finanzas, vivienda y servicios públicos, a un mes de la elección.
Raman, que representa el Distrito 4, sostuvo que los servicios básicos han empeorado bajo Bass. Señaló basura, grafiti y baches. También dijo que en 2023 Bass impulsó un contrato para dar aumentos a LAPD que, según ella, la ciudad no podía permitirse.
La concejal afirmó que el contrato alimentó la crisis presupuestaria. Puso sobre la mesa un déficit de aproximadamente 1.000 millones de dólares y los recortes posteriores a los servicios municipales. Además, acusó a Bass de respaldar políticas de vivienda menos agresivas.
Bass respondió con un ataque frontal. Dijo que Raman «no está diciendo la verdad» y calificó de «mentira» la idea de que los aumentos policiales provocaron los problemas fiscales. También defendió su gestión de la falta de vivienda y afirmó que la ciudad necesita más control sobre un sistema dividido entre la ciudad y el condado.
La alcaldesa sostuvo que Los Ángeles logra alojar a personas sin techo, pero luego no controla la transición hacia vivienda permanente porque esa parte la maneja el condado. En ese punto, también atacó el historial de Raman en vivienda asequible. Dijo que, por distrito, ella está en el puesto 14 de 15 en construcción de vivienda asequible.
Raman, por su parte, acusó a Bass de tomar «decisiones políticamente convenientes» en lugar de decisiones que importen para los angelinos. También dijo que Bass prometió a una audiencia en Sherman Oaks que protegería sus comunidades manteniendo fuera la vivienda.
El debate llegó mientras la crisis de calle sigue presionando a la ciudad. Bass afirmó que la falta de vivienda ha bajado durante dos años consecutivos y culpó parte de la presión actual a una menor financiación estatal. Pero el conteo de personas sin hogar de este año en el área de Los Ángeles mostró un alza de aproximadamente 3,4% en la ciudad y un salto de cerca de 7,9% en la población sin techo, revirtiendo dos años de descenso.
Y ahí está el punto incómodo. Cuando una ciudad discute entre déficit, recortes y promesas rotas, no hablamos solo de política. Hablamos de dinero de los contribuyentes, de prioridades torcidas y de una burocracia que sigue pidiendo confianza mientras la vida cotidiana se deteriora.
Otra vez la doble vara. Se anuncian soluciones, se reparten culpas y al final la cuenta la paga el ciudadano común. Lo que quedó claro en este foro es que la pelea por el Ayuntamiento no es solo personal. Es una pelea por quién controla la caja, quién impone el relato y quién responde cuando los números y la calle dicen otra cosa.


