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Opinión · Análisis

Bass y Raman esquivan la culpa mientras Los Ángeles sigue en ruinas

La alcaldesa dice que los baches no se rompieron «porque yo sea alcaldesa» y su rival presume arreglos cosméticos. En ambos casos, el costo lo pagan los angelenos y la ciudad sigue sin resolver lo básico.
Imagen generada con IA
sábado 12 de septiembre de 2026

Karen Bass dijo en una entrevista radial publicada esta semana que no es responsable de las calles deterioradas de Los Ángeles. La alcaldesa afirmó que la infraestructura de la ciudad «se ha derrumbado durante décadas» y remató con la frase: «esos andenes no se rompieron porque yo sea alcaldesa».

Después agregó: «los baches son mi responsabilidad, llenarlos». Esa aclaración no borró el problema de fondo: Bass pasó de culpar a sus predecesores a minimizar una crisis que, por su propia admisión, sigue ahí.

La crítica también apunta al historial reciente de la ciudad. Bajo la gestión de Bass, el año pasado Los Ángeles se alejó del repavimentado completo y optó por arreglos parciales. Ese método cuesta menos a corto plazo y puede evitar rampas de banqueta exigidas por la ADA, pero termina acumulando más costos con el tiempo a medida que los parches se desgastan, avanza el deterioro y el pavimento sigue desmoronándose.

El problema no es solo técnico. El diario neoyorquino señala que Bass y miembros de extrema izquierda del concejo municipal han pasado años priorizando fantasías ideológicas sobre necesidades básicas como la reparación de calles. En una ciudad donde el estado de la infraestructura es parte central de la vida diaria, la evasión de responsabilidades no es un detalle: es el síntoma de una burocracia que prefiere administrar el declive antes que corregirlo.

La rival de Bass, Nithya Raman, tampoco sale bien parada en ese retrato. El medio la describe como una radical improductiva en casi seis años en el concejo y recuerda que el mes pasado celebró un paso peatonal recién pintado sobre pavimento agrietado y dilapidado. Bass, por su parte, también celebró recientemente el relleno de un bache.

Otra vez la doble vara: se venden parches como si fueran logros y se pretende que el contribuyente aplauda mientras la ciudad se cae a pedazos. En el fondo, el debate no es sobre pintura fresca ni sobre frases ingeniosas. Es sobre rendición de cuentas, prioridades y el fracaso de una clase política que convierte lo básico en espectáculo.

Los angelenos merecen calles transitables, no excusas. Cuando el aparato público se acostumbra a llamar «solución» a una curita sobre el colapso, el resultado es siempre el mismo: más gasto futuro, menos confianza y una ciudad que aprende a vivir con la mediocridad. El relato se cayó solo.

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