La contienda por la gubernatura de California volvió a estrecharse con fuerza. En una encuesta encargada por la campaña de Steve Hilton y realizada por el encuestador David Wolfson el 1 y 2 de octubre, Xavier Becerra obtuvo 45.7% de apoyo y Hilton 40.1%, una diferencia de 5.6 puntos.
El sondeo consultó a 1,020 votantes de California y mostró además que 14.1% sigue indeciso. Eso marca un giro fuerte frente a una encuesta anterior citada por el Post, en la que Becerra llevaba una ventaja de 52% a 37%.
La caída de Becerra y el avance de Hilton también aparecen en el comportamiento del margen: la diferencia pasó de 15 puntos a menos de seis. Según los números de Wolfson, el apoyo a Becerra bajó 6.3 puntos respecto de la medición anterior, mientras Hilton subió 3.1 puntos.
El panorama general del estado tampoco ayuda al relato oficialista. Casi seis de cada diez votantes, 58.8%, dijeron que California va en la dirección equivocada. Solo 28.1% afirmó que va en la dirección correcta, y 13.1% dijo no estar seguro.
Aun así, Becerra conserva ventaja entre los indecisos si se les obliga a elegir. Entre quienes no habían decidido, 72.5% se inclinó por Becerra y 27.5% por Hilton.
La encuesta también deja ver que ninguno de los dos entusiasma demasiado. Becerra registró 44.1% de opinión favorable y 45.3% desfavorable. Hilton quedó peor parado, con 35.5% favorable y 50.7% desfavorable.
El sondeo se hizo después del debate del 1 de octubre entre ambos aspirantes. Un 11.2% dijo haberlo visto completo o casi completo en CNN, y otro 9.5% lo vio parcialmente. Además, 19.9% siguió la cobertura noticiosa sin ver el debate, y 19% vio clips o resúmenes en línea o en las noticias.
Hilton ha acusado a Becerra de mentir sobre sus antecedentes migratorios. Becerra ha dicho previamente que sus padres llegaron a Estados Unidos como inmigrantes.
Que no te lo cuenten: cuando casi seis de cada diez votantes creen que California va mal, el problema ya no es solo una encuesta. Es la factura política de años de burocracia, costos altos y liderazgo demócrata. El relato se cayó solo.
Y aquí está la parte que el aparato estatal no puede maquillar: incluso con ventaja, Becerra ya no proyecta fuerza. Si la indecisión sigue alta y el descontento con el estado permanece en 58.8%, la elección se va a definir por una pregunta básica: quién ofrece orden, alivio y un freno real al deterioro.


