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Beijing encarceló a su madre para silenciarla a ella: Ziba Murat le pide a Trump que la traiga a casa

La Dra. Gulshan Abbas, médica uigur de 64 años, cumple una condena de 20 años en una prisión china desde 2018 — represalia, según su hija, por un discurso que su hermana dio en Washington criticando al PCCh.
Imagen generada con IA
viernes 11 de septiembre de 2026

El 4 de julio de 2026, según relata Ziba Murat en un artículo de opinión publicado en The Daily Wire, el pastor cristiano chino Ezra Jin Mingri fue liberado y reunido con su familia en Estados Unidos. Para Murat, esa noticia no fue solo una celebración: fue una prueba de que Beijing puede ceder cuando Washington lo exige.

Su madre, la Dra. Gulshan Abbas, médica jubilada de 64 años, lleva casi ocho años en una prisión china cumpliendo una condena de 20 años por cargos que su hija califica de fabricados. Murat describe el origen del caso con precisión quirúrgica: en septiembre de 2018, su tía —ciudadana americana— habló en el Hudson Institute de Washington, D.C., criticando la persecución del Partido Comunista Chino contra el pueblo uigur. Seis días después, su madre desapareció.

El mensaje de Beijing, según Murat, fue inequívoco: si usas tu libertad en América para criticarnos, podemos castigar a quienes amas.

Eso no es represión interna. Es represión transnacional dirigida contra una ciudadana americana por ejercer un derecho protegido por la Primera Enmienda, ejecutada a miles de kilómetros de distancia a través del encarcelamiento de un familiar.

La familia ha recibido escasas pruebas de vida y ha tenido virtualmente ningún contacto con Gulshan Abbas. Murat señala que su madre padece hipertensión, diabetes tipo II y una afección ocular que requiere atención médica regular para prevenir la ceguera. Veinticuatro miembros de su familia son ciudadanos americanos. Su propia hija, de casi ocho años, nunca ha abrazado a su abuela.

Murat le pide directamente al presidente Trump que, en su próxima reunión con Xi Jinping prevista para septiembre, coloque la libertad de Gulshan Abbas en la agenda. «La libertad de expresión significa poco si un gobierno extranjero puede imponer consecuencias a los americanos por ejercerla», escribe.

El caso es un recordatorio brutal de lo que está en juego cuando se negocia con regímenes que no reconocen límites entre su territorio y el nuestro. Beijing no encarceló a Gulshan Abbas por lo que ella hizo: la encarceló por lo que su hermana dijo en suelo americano. Eso es una declaración de guerra contra la Primera Enmienda, librada con rehenes humanos.

Trump ya demostró, según Murat, que el compromiso directo funciona con China. La pregunta es si la administración está dispuesta a convertir la libertad de una médica uigur de 64 años en una línea roja. El libre mercado de ideas —ese principio que distingue a las democracias de los aparatos totalitarios— no puede sobrevivir si los ciudadanos americanos aprenden que criticar a Beijing tiene un precio que pagan sus madres. Que no te lo cuenten.

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