Durante dos años, los abogados de Joe Biden pelearon en los tribunales para que nadie escuchara estas grabaciones. El 20 de julio, un tribunal federal de apelaciones falló en su contra. Biden no apeló. El caso se cerró. Y las cintas salieron.
Las casi 70 horas de audio, obtenidas y publicadas por el Oversight Project tras esa batalla legal, muestran al entonces expresidente Biden hablando con su ghostwriter Mark Zwonitzer en 2017 mientras preparaba su memoir Promise Me, Dad — por el que recibió un anticipo de 8 millones de dólares.
Lo que se escucha es difícil de ignorar.
«Esto puede ser clasificado, ten cuidado», le dice Biden a Zwonitzer en una grabación del 14 de abril de 2017. «No estoy seguro… No está marcado como clasificado, pero —». En otro fragmento: «Lo siguiente que tengo aquí es, esto es clasificado». Y en una grabación del 16 de febrero de 2017: «Acabo de encontrar todo el material clasificado abajo».
Ese último comentario fue citado por el fiscal especial Robert Hur en su informe de febrero de 2024 como evidencia de que Biden poseía material clasificado en su residencia de Virginia tras dejar la vicepresidencia. Hur describió el tono de Biden como «matter-of-fact» — sin alarma, sin urgencia.
Sin embargo, Hur decidió no procesar a Biden. Su argumento: un jurado probablemente lo vería como «un anciano simpático y bien intencionado con mala memoria». Las propias cintas respaldan esa descripción. En varios pasajes, Biden pierde el hilo: «¿Qué te iba a preguntar? Algo más… Uh… um. Dios mío, no puedo pensar en nada más».
Cuando el informe Hur se hizo público en 2024, Biden fue categórico ante la prensa: «No compartí información clasificada. No se la compartí a mi ghostwriter». Las grabaciones cuentan otra historia, según el Oversight Project, que en un comunicado afirmó que la Casa Blanca «orquestó un encubrimiento deliberado de los hechos ante el pueblo americano».
Jeff Clark, vicepresidente de Litigios del Oversight Project, resumió la postura de la organización sin rodeos: «Biden entregó secreto tras secreto a alguien no autorizado para manejarlos, y lo hizo por beneficio personal y familiar por valor de 8 millones de dólares».
El relato se cayó solo — y tardó dos años en caerse porque Biden lo sostuvo con recursos legales y tiempo.
Aquí está el principio en juego: un ciudadano común que hiciera lo que estas cintas documentan enfrentaría consecuencias reales. Biden cobró 8 millones, publicó el libro y ahora prepara otro memoir para noviembre. La doble vara no es una metáfora: es el expediente. Que no te lo cuenten.



