Bill Burr fue, durante los años del auge woke, un héroe de la comedia para muchos conservadores. Hoy, en cambio, provoca más muecas que carcajadas.
La transformación, según la fuente, se fue acelerando desde 2022. Ese año, Burr llamó racista a Kyle Rittenhouse sin pruebas. Un año después, dirigió, coescribió y actuó en «Old Dads», una comedia de Netflix que terminaba con su personaje Gen X abrazando las nuevas reglas woke.
Luego llegó el salto más visible. El comediante gritó «Free Luigi» en televisión. También se alineó con ataques de la izquierda contra Elon Musk. En NPR, lo llamó «Nazi» por un gesto de mano. Además, se burló de Tesla y calificó a X como una «plataforma de medios obsoleta».
La nota también recuerda que Burr se rió de quienes culpaban a Gavin Newsom por los incendios de Palisades y por la respuesta gubernamental, en una entrevista con Jimmy Kimmel en ABC. Dijo: «[Los incendios] fueron mal manejados? ¿Como algún idiota en internet sabe cómo manejar el peor incendio de Los Ángeles? ¿Sentado allí en su ropa interior?».
La pieza suma otra señal de su deriva. Burr cargó contra los multimillonarios en su podcast «Monday Morning Podcast» y dijo: «These fcking billionaires… They need to be put down like fcking rabid dogs». Más tarde, en Rolling Stone, defendió que ante el caso «Luigi» había que mirar «lo que estamos haciendo» y sostuvo que los ejecutivos «no son el presidente. Solo eres el CEO de un negocio».
El contraste con el Burr de «Paper Tiger» es fuerte. En 2019, esa rutina se burlaba del exceso woke y celebraba la comedia que decía lo que muchos pensaban. Ahora, la nota sostiene que ese Burr quedó atrás.
Y ahí está el fondo del asunto. Cuando un comediante cambia la verdad incómoda por la pose ideológica, deja de pinchar al poder y empieza a repetir el guion de la casta cultural. Que no te lo cuenten: la industria aplaude menos al que desafía el relato y más al que se arrodilla ante él.
Otra vez la doble vara. Burr pudo haber defendido la libertad de expresión cuando Gina Carano fue despedida de Disney por un post «equivocado», pero no lo hizo en su momento. Hoy, su giro ya no parece rebeldía. Parece acomodarse al aparato cultural que antes decía combatir.



