Bruce Blakeman dejó a Kathy Hochul a la defensiva en el único debate entre ambos por la gobernación de Nueva York, según la crónica de The New York Post. Durante la hora de intercambio, Hochul apareció desbalanceada, insegura para defender su récord y, en varios momentos, sin una respuesta clara frente a los cuestionamientos.
El eje del debate fue el que de verdad importa al contribuyente: energía, impuestos, seguridad y fuga de población. El columnista Michael Goodwin señaló que los costos de energía en Nueva York son «70 percent higher than the national average» y que, en impuestos, el estado es el primero en «sucking the blood of residents and businesses». También destacó que Nueva York encabeza la pérdida de población frente a otros estados.
Hochul intentó desviar la discusión culpando a Trump por los altos costos energéticos y por otros problemas del estado. Pero la maniobra no alcanzó para tapar lo obvio: Blakeman la obligó a responder por su gestión y por un balance que, según Goodwin, no resulta defendible. Cuando una gobernadora necesita repetir «Trump» para evitar hablar de impuestos y gasto, el problema no es de comunicación. Es de realidad.
Blakeman también atacó las leyes santuario y advirtió que ponen en peligro a los neoyorquinos frente a inmigrantes ilegales violentos. Además, marcó distancia de Trump en dos puntos: dijo que es proaborto y que favorece un programa de trabajadores invitados en lugar de deportar a quienes han trabajado duro y no han cometido delitos.
La otra verdad incómoda es política: Nueva York sigue siendo un estado profundamente demócrata. Hay 12 millones de votantes registrados; 48 por ciento son demócratas, 23 por ciento republicanos e independientes 25 por ciento. Y ningún republicano ha ganado una contienda estatal desde 2002, cuando George Pataki logró su tercer mandato como gobernador.
Aun así, el debate dejó una grieta. Blakeman necesitaba un golpe fuerte porque era el único cara a cara programado, y al menos consiguió una noche en la que Hochul cargó con la peor parte del intercambio. En una campaña donde el aparato estatal pretende refugiarse en consignas, los números terminaron hablando por sí solos.
Para Contrafuego, ese es el punto central: cuando suben los impuestos, sube el costo de la energía y el estado pierde habitantes, no estamos ante un accidente. Estamos ante el resultado de una burocracia que asfixia a residentes y empresas mientras busca refugiarse en la propaganda. Otra vez la doble vara: pedir confianza cuando el balance concreto va en sentido contrario.



