Luna Follegati, doctora en Filosofía y hoy asesora del senador Diego Ibáñez (FA), defendió que el gobierno de Gabriel Boric sí dejó avances para las mujeres. Dijo que el feminismo no se cumple solo por declararlo en un instructivo o porque La Moneda se nombre feminista.
La exasesora presidencial recordó que Boric nombró el primer gabinete paritario y que el feminismo fue uno de los principios del nuevo gobierno. También sostuvo que hubo tres ejes centrales: violencia de género, autonomía económica y derechos sexuales y reproductivos.
En esa lista mencionó la Ley Integral de Violencia contra las Mujeres, la Ley Antonia y la reparación para víctimas de femicidio y sus familias. Sumó la Ley Papito Corazón, la reforma previsional con perspectiva de género, el Sistema Nacional de Cuidados y el reglamento para implementar la ley de las tres causales.
Pero el relato no quedó intacto. La propia Follegati reconoció que la impronta feminista perdió vigor o se vio opacada por la realidad: la crisis económica y la seguridad se tomaron la agenda, y la derrota constitucional obligó al gobierno a modificar su plan de transformaciones. También dijo que el caso Monsalve golpeó el corazón del gobierno feminista.
Aun así, Follegati defendió que el Ministerio de la Mujer estuvo siempre en el comité político y que Antonia Orellana formó parte de él hasta el final, por decisión del presidente. Según ella, eso mostró que las políticas de género eran transversales al Estado.
La exasesora también destacó que hubo trabajo prelegislativo y diálogo con organizaciones, sindicatos y actores sociales en pesca, cuidados, reforma de pensiones, 40 horas y litio. Y comparó ese método con el del gobierno actual, al que acusó de consultar con suerte a sus propios parlamentarios.
La lectura de fondo es incómoda para la izquierda que vende épica identitaria mientras el país exige resultados. Cuando la economía se enfría y la seguridad domina, la burocracia ideológica queda expuesta. El feminismo de gobierno, convertido en marca, depende menos del eslogan que de la capacidad de sostener políticas concretas sin romper la realidad.
Que no te lo cuenten. El relato se cayó solo cuando chocó con la crisis, la seguridad y la derrota política. Otra vez la doble vara: se promete transformación total, pero al final mandan los tiempos del Estado, los costos fiscales y la necesidad de ordenar la casa.



