Daniel Briceño, representante a la Cámara por Bogotá y miembro del Centro Democrático, radicó un proyecto de ley para eliminar la Veeduría Distrital. La entidad fue creada hace más de tres décadas. Su misión: controlar y vigilar la gestión de la administración capitalina.
El proyecto es uno de 22 que Briceño presentó ante la Secretaría General de la Cámara de Representantes. Todos iniciarán ahora su trámite legislativo.
El argumento central del congresista es directo. «La Veeduría Distrital no ha dado mayores resultados», afirmó en un video divulgado tras la radicación. Según Briceño, con el paso de los años varias de sus funciones fueron asumidas por otras entidades del Distrito. El resultado: duplicidad administrativa y gasto sin propósito claro.
«Hemos llegado al acuerdo con varios sectores políticos de que es una entidad que debe acabarse», declaró el representante.
Briceño ya había intentado una iniciativa similar desde el Concejo de Bogotá. No pudo avanzar. La razón es técnica: la Veeduría está creada por el Decreto Ley 1421 de 1993, el Estatuto Orgánico de Bogotá. Modificarla exige una ley del Congreso. Por eso el proyecto llega ahora a la Cámara.
De aprobarse, los recursos y funciones de la Veeduría se redistribuirían entre entidades con competencias similares. Así lo establece la propuesta.
El proyecto deberá superar los debates exigidos por la ley. Si lo logra, el Distrito tendrá que definir qué pasa con el personal, las funciones y el presupuesto que hoy administra la entidad.
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Que no te lo cuenten. Una entidad de control que termina siendo controlada por nadie, con funciones que ya ejercen otros y con un presupuesto que alguien paga —el contribuyente bogotano— es el retrato clásico de la burocracia que se perpetúa sola. El mérito de Briceño no es la novedad de la idea: él mismo reconoce que lo intentó antes. El mérito es insistir donde otros prefieren no tocar el avispero.
La pregunta que el Congreso tendrá que responder es sencilla: ¿sirve o no sirve? Si las funciones ya las ejercen otras entidades, mantener la Veeduría es pagar dos veces por lo mismo. Eso tiene un nombre. Se llama desperdicio.



