Un parásito viajó desde México y ya le está costando caro a la industria de restaurantes en Estados Unidos. El brote de ciclosporiasis, detectado en nueve estados y vinculado a lechuga de origen mexicano, comenzó a golpear la afluencia a cadenas de comida y las ventas en supermercados, mientras los consumidores huyen de un producto que puede provocar diarrea durante dos semanas.
Los datos son contundentes. Según la plataforma de análisis Placer.ai, citada por CBS News, el 18 de julio Taco Bell registró una caída del 29,8% en visitas respecto a un sábado promedio del período enero-julio. Chopt cayó 24%, Panera Bread 9,1% y Cava y Sweetgreen 4,7% cada una. En el caso de Taco Bell, la cifra tiene contexto: la cadena había servido la lechuga que luego fue retirada del mercado en algunos locales antes de eliminarla de sus menús.
El repliegue no se quedó en los restaurantes. Stew Leonard's, cadena con ocho supermercados en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, reportó una caída de cerca del 11% en ventas de lechuga. «Hay mucha confusión en las tiendas ahora mismo», reconoció Stew Leonard Jr., presidente y CEO de la cadena. «Los clientes preguntan si pueden comer lechuga y la evitan. Hay reticencia en el mercado».
El mismo directivo recomendó optar por lechuga hidropónica, cultivada en invernadero con suelo controlado y agua purificada, como alternativa para quienes quieran seguir consumiendo vegetales de hoja sin asumir el riesgo. También señaló que las ventas comenzaron a repuntar en los últimos días y que no espera que el consumo desaparezca.
Mientras tanto, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) informó que el brote está vinculado con al menos un producto alimenticio adicional que todavía no fue identificado. El Departamento de Salud y Servicios Humanos confirmó el viernes que los casos se extendieron a cuatro estados más.
Sweetgreen intentó deslindar su marca con una publicación en X, asegurando que «no ha sido identificada en relación con el actual brote». Taco Bell, por su parte, lanzó una promoción de enchiritos sin lechuga por un dólar, aunque sin mencionar el brote en su comunicación.
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Que no te lo cuenten. Este episodio ilustra algo que la burocracia sanitaria rara vez admite con claridad: el costo real de los controles fitosanitarios laxos en la cadena de importación agrícola no lo paga el aparato estatal, lo pagan los negocios privados, los empleados de restaurantes y los consumidores. Taco Bell, Panera y docenas de operadores de libre empresa absorben el golpe de una falla de origen que no ocurrió en sus cocinas. El libre mercado puede adaptarse —ya lo está haciendo, con lechuga hidropónica y menús reformulados— pero alguien debería responder por la cadena que falló antes de que el producto llegara al plato.



