Andy Burnham asumió este lunes como primer ministro del Reino Unido. Tiene 56 años. Es el séptimo jefe de gobierno británico en poco más de una década. El cuarto desde que Carlos III ocupa el trono.
Su llegada a Downing Street se produjo tras la renuncia de Keir Starmer. Una contienda interna relámpago dentro del Partido Laborista bastó para coronarlo.
Que no te lo cuenten: su primera llamada fue a Donald Trump. Ambos abordaron comercio, cooperación militar y el desminado del estrecho de Ormuz. Trump describió la conversación como «muy buena» en su red Truth Social. Adelantó que ambos líderes se reunirán «en un futuro no muy lejano». También prometió que Estados Unidos estará dispuesto a respaldar a Burnham ante lo que calificó como «una gran tarea por delante».
Horas después, Burnham habló con Volodímir Zelenski. Le confirmó que el apoyo británico a Ucrania continuará sin cambios. Ambos acordaron mantener la cooperación bilateral y avanzar en la Coalición Antimisiles.
En el frente doméstico, el nuevo primer ministro anunció un plan de diez años. Educación, vivienda, industria y servicios públicos. Prometió «recuperar la estabilidad» y aliviar el costo de vida. También habló de construir viviendas sociales y de «erradicar el fenómeno de las personas sin hogar».
El gabinete ya cambió de cara. Rachel Reeves y David Lammy quedaron fuera. John Healey asumió Finanzas. Ed Miliband tomó Relaciones Exteriores. Wes Streeting pasó a Defensa. Angela Rayner regresó al ejecutivo como responsable de Vivienda.
Desde Bruselas, Ursula von der Leyen mostró disposición a trabajar con Burnham. El canciller alemán Friedrich Merz lo invitó a Berlín. Emmanuel Macron habló de «un nuevo impulso» en la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea.
El relato se cayó solo antes de empezar. Burnham llega con el mismo manual que sus predecesores laboristas: gasto social, reindustrialización y promesas habitacionales que en el Reino Unido llevan décadas incumplidas. La burocracia cambia de nombres en el gabinete; las facturas las paga el contribuyente.
Lo que sí resulta revelador es el orden de sus llamadas. Primero Trump, luego Zelenski. Para un laborista de izquierda clásica, eso habla más que cualquier discurso en Downing Street. El libre mercado y la alianza atlántica siguen siendo la única red de seguridad real. El resto, por ahora, es programa electoral con fecha de vencimiento.



