La Corte Suprema de Estados Unidos resolvió en Watson v. RNC que los estados pueden aceptar boletas postales que lleguen después del día de la elección, siempre que tengan matasellos de esa fecha. California, que ya contaba boletas durante semanas tras el cierre de urnas, celebró la decisión como una victoria.
El juez Samuel Alito dejó constancia en su voto disidente de que la mayoría crea incertidumbre en un momento en que la confianza pública en la seguridad electoral es baja.
El problema con los matasellos no es menor. Según Katherine T. Bennett, directora de la Fuerza de Tareas de Procesos y Procedimientos del American Legislative Exchange Council (ALEC), los matasellos no siempre se aplican de forma consistente y pueden no reflejar con precisión cuándo el Servicio Postal recibió el sobre. Las boletas enviadas por transportistas privados ni siquiera usan matasellos tradicionales. El resultado: una «prueba» de puntualidad que puede ser incierta, incompleta o inexistente.
La propia California reconoce implícitamente esta debilidad. En ciertas elecciones especiales, como la reciente votación en Los Ángeles sobre tarifas de alumbrado público realizada bajo las reglas de la Proposición 218, se exigió que las boletas llegaran antes del día de la elección; el matasellos no fue suficiente.
ALEC propone un modelo legislativo — el Deadline for Return and Receipt of All Ballots Act — que exigiría que toda boleta que cuente sea recibida antes del cierre de urnas el día de la elección.
Que algo sea constitucional no lo convierte automáticamente en buena política. Esa distinción es la que los líderes de California prefieren ignorar.
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Que no te lo cuenten. El relato oficial presenta la extensión del conteo como una medida de «acceso» y «participación». Lo que produce en la práctica es otra cosa: resultados que cambian días después del cierre, titulares que se reescriben, y una ciudadanía que pierde la referencia básica de que el día de la elección es el día en que se decide la elección.
El libre mercado exige reglas claras, fechas firmes y consecuencias predecibles. Las elecciones no deberían ser la excepción. Cuando el proceso depende de matasellos inconsistentes y plazos elásticos, no se amplía la democracia: se diluye la confianza en ella. California tiene la oportunidad de liderar en la dirección correcta. La pregunta es si sus líderes tienen el interés en hacerlo.



