California presentó nuevos datos laborales el viernes y el balance vuelve a exponer una doble realidad. Por un lado, lideró al país en creación de empleo en agosto, con 39.400 puestos. Por el otro, mantiene la tasa de desempleo más alta entre los estados, con 5,1%.
La cifra más dura no es solo la desocupación. Según los datos citados, 50.500 californianos dejaron de buscar trabajo por completo. Eso no es una señal de fortaleza: es una advertencia de que el mercado laboral no está alcanzando a todos.
La brecha entre dos Californias quedó otra vez a la vista. Una vive conectada a oportunidades en industrias de alta tecnología o en salud. La otra lucha por llegar a fin de mes mientras las oportunidades desaparecen. Y esa es, precisamente, la California que se está quedando fuera del auge de la clase trabajadora en Estados Unidos.
A nivel nacional, el panorama es distinto. El desempleo se ubica en 4,1%, un punto completo por debajo del californiano. La economía de Estados Unidos sigue creciendo, y la Oficina del Censo de Estados Unidos reveló que la pobreza nacional cayó a un mínimo histórico de 10,2%. En California, la tasa es la misma, pero la pobreza suplementaria llega a 17,8%, una de las más altas.
El problema no se limita al empleo. El precio promedio de la gasolina en California fue de 6,11 dólares, 1,64 dólares más que el promedio nacional de 4,47 dólares. La nota apunta a políticas «verdes» de Newsom, entre ellas cap-and-trade, mezclas especiales de combustible, altos impuestos a la gasolina y una fuerte regulación de las refinerías.
También se afirma que California eligió importar petróleo desde Medio Oriente en vez de producirlo en casa, mientras el resto del país incrementa la producción de energía.
El saldo político es incómodo para Newsom. Puede presumir crecimiento, pero el crecimiento es estrecho y concentrado en unos pocos sectores. Para el contribuyente, para la clase media y para el trabajador común, la pregunta importa más que la propaganda: ¿cuántas oportunidades reales están quedando en pie?
Que no te lo cuenten. Cuando un estado lidera en puestos creados pero también en desempleo, pobreza suplementaria y gasolina cara, el relato se cae solo. El aparato estatal puede maquillar cifras, pero no puede ocultar que la libre empresa solo sirve cuando no está ahogada por burocracia, impuestos y regulación.
Otra vez la doble vara: una California para los conectados y otra para los que trabajan. Y esa división no la paga la élite. La paga la gente común, con menos empleo, más costo de vida y menos margen para salir adelante.



