California se anotó un punto inusual en política pública: el California Policy Lab, junto al Departamento de Desarrollo del Empleo del estado, lanzó un panel de datos en tiempo casi real para rastrear las solicitudes de desempleo vinculadas a la inteligencia artificial. Transparencia metodológica incluida. Hasta ahí, bien.
El problema es lo que el panel no mide. Por diseño, registra solo los empleos que desaparecen. No captura los empleos que la IA crea, los trabajadores que retiene ni las ganancias de productividad que llevan a las empresas a contratar más gente. Un instrumento construido para contar bajas, sin una sola columna para las altas.
Hay más limitaciones. California sigue clasificando ocupaciones con el Dictionary of Occupational Titles, un sistema federal cuya última actualización integral fue en 1991. Profesiones como científico de datos o ingeniero de aprendizaje automático sencillamente no existen en ese catálogo. Los investigadores deben traducir códigos obsoletos a medidas modernas de exposición a la IA, promediando trabajadores cuyas funciones reales pueden ser muy distintas.
El hallazgo central del panel —que las solicitudes de desempleo aumentaron en ocupaciones expuestas a la IA a partir de finales de 2022— coincide con la llegada de ChatGPT, pero también con el colapso del boom tecnológico postpandemia. Meta, Google, Amazon y Salesforce anunciaron decenas de miles de despidos en ese mismo período tras años de expansión acelerada. Separar el efecto de la IA del ajuste del sector tech usando solo datos de desempleo es, según los propios expertos, extraordinariamente difícil.
La evidencia más amplia apunta en otra dirección. Una investigación con datos administrativos que cubren a casi todos los empleadores de Estados Unidos encontró que las industrias más expuestas a la IA experimentaron mayor crecimiento de productividad, mayor empleo y salarios más altos hasta 2024. Un análisis adicional basado en registros de gasto empresarial encontró que las firmas que más invirtieron en IA expandieron su plantilla más rápido que las que invirtieron menos.
California ya posee registros trimestrales de salarios de prácticamente todos los empleadores del estado. Esos datos podrían revelar si los trabajadores desplazados encuentran nuevos empleos, si sus ingresos suben o bajan y qué industrias están creciendo. Combinados con datos modernos de ofertas de trabajo, permitirían identificar dónde crece la demanda de habilidades relacionadas con la IA.
Que no te lo cuenten como si fuera neutralidad técnica. Un panel que solo cuenta pérdidas no informa: enmarca. Le dice al trabajador que la tecnología es una amenaza, no una oportunidad. Le da al aparato estatal la narrativa que necesita para justificar más regulación, más burocracia y más gasto público en programas de «reconversión» que raramente reconvierten a nadie. California tiene los datos para construir algo genuinamente útil —un rastreador de oportunidades, no solo de bajas—. La pregunta es si el objetivo es ayudar a los trabajadores o alimentar el relato.



