Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan, publicó en X que AIPAC planea gastar al menos «$3,847,990» en su contra antes de la primaria del 4 de agosto contra la representante Haley Stevens. Su diagnóstico fue directo: eso es «soborno legalizado».
El argumento que construye El-Sayed es sencillo: Stevens está «más comprometida con el futuro de un país extranjero que con mantener tus dólares aquí para escuelas y atención médica». El relato tiene gancho. El problema es lo que omite.
El periodista de investigación Chuck Ross le preguntó públicamente si esa misma lógica aplica al PAL PAC y al Arab American PAC, dos grupos pro-palestinos. La campaña de El-Sayed no respondió a esa pregunta, según reportó Fox News Digital.
Ahí se cae el argumento. Si el dinero organizado de un lobby extranjero corrompe la democracia cuando viene de AIPAC, ¿por qué no cuando viene de grupos que representan intereses de otro signo? El silencio es la respuesta.
Mientras tanto, la primaria refleja una guerra civil demócrata de manual. Stevens cuenta con el respaldo del líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, y ha criticado duramente a El-Sayed por cuestionar la alianza Estados Unidos-Israel en pleno conflicto con Hamás. «Israel tiene derecho a existir pacíficamente junto al pueblo palestino y de Gaza», dijo Stevens en un debate.
El-Sayed, por su parte, sostiene que «por demasiado tiempo nuestra política exterior nos ha sido entregada por el estado de Israel y AIPAC, que se ha asegurado de que tanto demócratas como republicanos hagan su voluntad».
La representante Debbie Dingell reconoció que los demócratas «cometieron un error» al ignorar el escándalo en Maine, señal de que el partido siente que el tema Israel-Palestina le quema las manos en estados con comunidades judías y árabes tan significativas como Michigan.
Que no te lo cuenten. El-Sayed construye su candidatura sobre la denuncia del dinero organizado en política, pero aplica el principio con precisión quirúrgica: solo cuando el cheque lo firma quien él señala. Eso no es coherencia, es conveniencia electoral. El libre debate sobre la política exterior estadounidense es legítimo y necesario; la doble vara, no. Un candidato que exige transparencia al dinero ajeno y opacidad al propio no está combatiendo la corrupción del sistema: la está reproduciendo con otra bandera.



