James Carville no suele darle regalos a Donald Trump. Esta vez lo hizo, aunque envuelto en veneno.
El estratega demócrata apareció en CNN con Wolf Blitzer. Allí criticó a las grandes cadenas por no transmitir en vivo el discurso de integridad electoral del presidente. ABC, NBC y la propia CNN evitaron difundirlo completo.
Carville no lo vio como un favor a los demócratas. Lo vio como un error.
«El presidente de los Estados Unidos actuando más loco que una cabra es noticiable», dijo Carville a Blitzer. Su argumento fue directo: si la gente lo ve, saca sus propias conclusiones. Y esas conclusiones, según él, perjudican a Trump.
Blitzer le preguntó si de verdad estaba pidiendo más publicidad para el presidente. Carville no se echó atrás. «Absolutamente», respondió. Añadió que la decisión de no transmitir el discurso era «no ser fiel a lo que es realmente noticiable».
Fue más lejos. Citó reportes de The Daily Beast y Politico según los cuales Trump ignoró consejos de su propio equipo. El consejo, según esas fuentes: no actuar de forma «alocada». Trump lo ignoró, según Carville.
La postura del estratega generó tensión inmediata. El secretario del DHS, Markwayne Mullin, calificó de «vergonzosa» la decisión de ABC y NBC de no transmitir el discurso. En CBS, el periodista Tony Dokoupil chocó con el senador Mark Warner, quien acusó a la cadena de emitir «falsedades» de Trump como si fueran noticias.
Dos posturas opuestas. Un mismo discurso. Y los medios atrapados en el medio.
Que no te lo cuenten: la prensa progresista lleva años decidiendo qué puede ver el ciudadano. Primero fue «no le demos tribuna». Ahora uno de los suyos admite que esa estrategia les salió cara. El relato de la censura protectora se cayó solo, y lo derribó un demócrata de pura cepa.
El principio en juego es viejo y simple: la gente tiene derecho a ver y juzgar. Cuando los medios filtran en lugar de informar, no protegen a nadie. Solo protegen su propio relato. Y eso, tarde o temprano, alguien lo dice en voz alta. Esta vez fue Carville.



