Honorio Henríquez es el nuevo presidente del Senado de Colombia. Lo puso el Centro Democrático. Lo derrotó fue Alfredo Deluque, del Partido de La U, amigo cercano del presidente electo Abelardo de la Espriella.
La paradoja es llamativa. Para ganar, el uribismo necesitó los votos del Pacto Histórico. Ese mismo bloque que fue gobierno con Petro. Así funcionan las mayorías en el Congreso: son coyunturales, no ideológicas.
De la Espriella reaccionó con calma. Dijo que «nunca estuvo obsesionado con la presidencia del Senado». Reveló que él mismo le dijo a Deluque que se consiguiera sus votos. Y que al expresidente Álvaro Uribe le planteó lo mismo: «Que cada candidato se rebusque sus votos». También afirmó que ningún congresista recibió presión de su parte. «Conmigo no va a haber presiones, negociaciones indebidas», declaró.
El senador Hernán Cadavid, del Centro Democrático, ofreció otra lectura. Dijo que la victoria de Henríquez debe darle «tranquilidad» al nuevo gobierno. Argumentó que su partido es «el partido mayoritario de gobierno dentro del Congreso». Luego advirtió sobre «sectores alrededor» que quieren presentar al uribismo como rival de De la Espriella. No los identificó por nombre. Sí señaló que «la estructura de comunicación digital cercana a la campaña» tiene una línea en ese sentido.
El politólogo Daniel Yepes Naranjo matizó el resultado. Para él, no es una derrota clara de De la Espriella. Explicó que el triunfo del Centro Democrático con apoyo del Pacto Histórico «refuerza la narrativa de Abelardo de ser el outsider». Deluque, recordó, lleva en el Congreso desde 2010 y apoyó a los gobiernos Santos, Duque y en parte a Petro. Es clase política tradicional. Exactamente lo que De la Espriella prometió combatir.
Diógenes Rosero, de la Universidad del Atlántico, fue más directo. Dijo que es «una victoria del Centro Democrático frente al pulso que le propuso el gobierno entrante». Subrayó que la elección rompió con la tradición de definir estas presidencias por consenso.
Aquí está el fondo del asunto. El Centro Democrático le dice a De la Espriella que ser partido de gobierno tiene un límite. Que el apoyo en segunda vuelta no compra lealtad incondicional en el Congreso. Eso es sano para cualquier democracia que se respete.
Pero hay una ironía que no conviene ignorar. El partido que más claramente encarna el programa de libre mercado, orden y propiedad privada en Colombia necesitó al petrismo para ganar esta pulseada. Las mayorías parlamentarias no tienen memoria ideológica. Eso es exactamente lo que De la Espriella deberá gestionar desde el 7 de agosto. Gobernar, como dijo Yepes, es más difícil que hacer campaña.



