The Washington Post publicó un perfil de Fernando Cerimedo, consultor político argentino y exasesor de Javier Milei, que hoy permanece detenido en Bolivia y acusado de haber ordenado el ataque contra Nadia Beller, su expareja. El diario estadounidense tituló su nota: «Impulsó MAGA en América Latina y ahora está acusado de ordenar un asesinato».
El artículo, firmado por Terrence McCoy, reconstruye su ascenso como estratega de la derecha latinoamericana, sus vínculos con operadores cercanos a Donald Trump y su llegada a Bolivia, donde ganó influencia alrededor del presidente Rodrigo Paz. Para el perfil, el Post dijo haber revisado cientos de páginas de expedientes judiciales, incluidos mensajes intercambiados entre Cerimedo y Beller, y entrevistó a la mujer baleada.
El medio lo describió como uno de los consultores políticos más conocidos de la región y recordó que trabajó en campañas que llevaron al poder a dirigentes conservadores en Argentina, Honduras y Bolivia. En el caso argentino, tuvo un papel central en la estrategia digital de Milei y reconoció haber coordinado un ejército de «miles» de trolls en redes sociales.
La nota también pone el foco en su red de contactos en Estados Unidos. El Post recordó que ayudó a conectar a Tucker Carlson con Milei para la entrevista de septiembre de 2023, que trabajó junto al consultor de Miami Damian Merlo durante la campaña de Milei y que su vínculo más estrecho en ese mundo fue con Brad Parscale. Además, en febrero de este año recibió en Mar-a-Lago un premio como mejor consultor político hispano de 2025.
El perfil también revisa antecedentes que Cerimedo había presentado sobre sí mismo. Según el diario, afirmó haber estudiado en Harvard y en el Massachusetts Institute of Technology, haber obtenido un doctorado en marketing de la University of Phoenix, haberse entrenado con los Navy SEALs y haber trabajado durante un período en la Casa Blanca durante la administración de Barack Obama. MIT y University of Phoenix dijeron que no tenían registros de él como alumno.
En el plano judicial, el Post también mencionó que Cerimedo trabajó como taxista en Mar del Plata y que en 2016 fue condenado por una estafa vinculada a la venta de un mismo departamento a dos familias. Ese antecedente ya había sido reconstruido por LA NACION, que informó que la Justicia argentina le impuso una pena de dos años y seis meses de prisión en suspenso por defraudación y estafa.
La parte más grave del expediente es la que hoy lo tiene detenido. Según el Post, Beller contó que en junio una discusión terminó en violencia y que Cerimedo la tomó del cuello. También dijo que él le aseguró que su matrimonio estaba terminado y que quería casarse con ella. Después, la relación se deterioró cuando ella comunicó el embarazo a la esposa de Cerimedo.
El 17 de agosto, Beller acudió a un hotel de lujo tras recibir un mensaje de un informante anónimo. Según el Post, Cerimedo la alentó a ir. Mientras esperaba frente al hotel, dos personas vestidas como repartidores de delivery se acercaron y una de ellas le disparó tres veces. Beller acusó a Cerimedo de haber ordenado el ataque. Él lo niega.
Los investigadores encontraron en la carpeta de notas del teléfono de Cerimedo un mensaje que decía: «No le cuentes nada a nadie. Pero ella nos traicionó... Nadia. O la eliminamos de una vez o estamos perdidos. ¿Conocés a alguien que pueda hacer este trabajo?». El diario aclaró que no está claro si ese mensaje fue efectivamente enviado. También informó que los fiscales investigan un pedido de US$50.000 y otros elementos hallados en sus dispositivos, además de decenas de miles de dólares encontrados en su departamento.
La historia deja una lección incómoda para toda la casta política que vive de la ingeniería digital y del relato. Cuando el poder se construye sobre redes opacas, operadores sin control y ambición sin límites, el costo termina pagándolo la ley, la confianza pública y, muchas veces, la víctima de turno.
Otra vez la doble vara: los mismos que hablan de estrategia, modernización y comunicación política aparecen rodeados de expedientes, dinero en efectivo y denuncias gravísimas. Que no te lo cuenten. El problema no es solo Cerimedo; es el ecosistema que lo hizo influyente y que siempre cree que está por encima de las reglas.



