El Senado chileno aprobó de madrugada el proyecto de Reconstrucción Nacional con un margen ajustado: 26 votos a favor y 24 en contra. La iniciativa fue despachada a su tercer trámite constitucional en la Cámara de Diputados.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, celebró el resultado y reconoció el papel de la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), a quien calificó de «fundamental» para «enriquecer aspectos del proyecto» mediante el llamado al diálogo entre coaliciones.
«Hace tres meses llegamos con una misión muy clara: darle a nuestro país las herramientas para progresar, crear empleo y reconstruir lo que el fuego destruyó en Biobío y Ñuble», afirmó Quiroz.
El proyecto se articula en cinco ejes. Primero, la reconstrucción de zonas afectadas por los incendios en Ñuble, Biobío y Valparaíso. Segundo, la reactivación de la construcción y el sector inmobiliario. Tercero, la recuperación de competitividad tributaria para atraer inversión extranjera. Cuarto, la agilización regulatoria para «destrabar» proyectos de inversión. Quinto, la responsabilidad fiscal para que «los recursos públicos se usen de manera eficiente».
«Una empresa que hoy no puede invertir va a poder hacerlo. Una persona que perdió su casa en los incendios va a tener un marco legal que acelere su reconstrucción», sintetizó el secretario de Estado.
Quiroz señaló además su «plena disposición a seguir dialogando con todos los sectores» y subrayó que una iniciativa de esta envergadura «se fortalece cuando recoge miradas distintas».
---
Que no te lo cuenten. Lo más revelador de esta votación no es el resultado: es el margen. Dos votos separaron el avance de la derrota. En un proyecto que el propio Ejecutivo vende como el motor de la reactivación, esa estrechez habla de un Gobierno que llega tarde y con poco capital político.
Dicho eso, los ejes concretos —agilización regulatoria, competitividad tributaria, responsabilidad fiscal— son exactamente el tipo de medicina que la economía chilena necesita después de años de relato redistributivo que frenó la inversión y encareció la contratación. Si la Cámara no lo desnaturaliza, el libre mercado habrá ganado una batalla donde la burocracia solía ganar la guerra. El diablo, como siempre, estará en la letra chica del tercer trámite.



