El Senado aprobó el artículo pendiente del proyecto de Reconstrucción Nacional. El resultado fue 27 votos a favor y 22 en contra. La norma compensa a los municipios por la exención de contribuciones a personas mayores. Según Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo, el gobierno derrotó así «la asonada de alcaldes de oposición» que pretendieron intervenir en atribuciones del Ejecutivo y el Legislativo.
La cifra que sigue importa. Por primera vez en 35 años, Chile verá disminuir su carga de impuestos. Larraín señala que el país recorrerá «el camino inverso al del deterioro de la inversión» provocado por la reforma tributaria del segundo gobierno de Bachelet. El equipo económico liderado por el ministro Jorge Quiroz, con el apoyo político del ministro Claudio Alvarado, encabezó esa gestión.
Al día siguiente, el presidente Kast anunció una iniciativa de seguridad con más de 30 proyectos. La liderará el ministro Martín Arrau. Economía y seguridad en la misma semana. No es un dato menor.
Sin embargo, hay ruido en la base. El caso del exsubsecretario de Hacienda Juan Pablo Rodríguez enturbia el cuadro. Rodríguez fue separado del cargo tras un resultado positivo en un examen de drogas. Luego se realizó tres pruebas en distintos laboratorios con resultado negativo. Según expertos matemáticos citados por Larraín, la metodología actual «continuaría arrojando falsos positivos». El propio autor del análisis afirma que Rodríguez «tiene razón en defender su honra».
Larraín advierte dos riesgos concretos. Primero, que se mancille el honor de un funcionario por un error del protocolo. Segundo, que diferencias personales o partisanas guíen las decisiones dentro del oficialismo. Ninguno de los dos escenarios le conviene al gobierno.
Aquí está el nudo real. Un gobierno que logra bajar impuestos por primera vez en más de tres décadas no puede darse el lujo de distraerse en guerras internas. La burocracia siempre encuentra la grieta. Las disputas de aparato consumen la energía que debería ir a gobernar. Kast tiene resultados concretos sobre la mesa: legislación aprobada, agenda de seguridad, economía repuntando. Eso es capital político. Gastarlo en conflictos internos sería un error que el relato opositor aprovecharía sin piedad.
El principio en juego es simple. Un gobierno de libre empresa necesita unidad hacia adentro para sostener reformas hacia afuera. Sin esa cohesión, cada victoria legislativa se diluye en el ruido. Que no te lo cuenten.



