La Cancillería chilena tuvo que abrir una negociación propia con Washington para destrabar la adhesión al Escudo de las Américas. El motivo fue un primer borrador que, según el texto, dejaba a Chile en una posición incómoda frente a China y sin salvaguardas claras sobre eventuales acciones en la región.
La invitación llegó a Santiago en los primeros días de septiembre. No tenía fecha clara y tampoco un documento definido para discutir. Recién después, el Departamento de Estado, encabezado por Marco Rubio, envió el borrador de la «Declaración conjunta relativa a la defensa de la soberanía del hemisferio».
Ahí saltaron las alertas. El texto original proponía frenos a las inversiones extranjeras en áreas críticas y estratégicas, entre otras medidas. Para Chile, eso tocaba una fibra evidente: China es su principal socio comercial en el Asia Pacífico y destino de más del 40% de las exportaciones chilenas.
La Cancillería abrió consultas con gobiernos de la región. Las conversaciones incluyeron, a lo menos, a Argentina, Paraguay y Perú. Pero, según diplomáticos chilenos, Chile fue el único país que pidió modificaciones. Eso obligó a un intercambio solitario de documentos con EE.UU. para añadir precisiones a la declaración conjunta.
En ese proceso participaron Frank Tressler y Fernanda Garcés. También, según la nota, Pérez Mackenna buscó consejo en abogados y especialistas externos. Entre ellos aparece Arturo Fermandois, consultado en temas vinculados con la Casa Blanca.
La presión surtió efecto. Fuentes de Cancillería sostienen que lograron introducir dos cambios importantes. El primero fue la frase «que se aplique de forma no discriminatoria», un guiño de neutralidad frente a Beijing. El segundo agregó salvaguardas para actuar conforme a las obligaciones legales internacionales y nacionales de cada país.
El episodio importa porque muestra algo más que una discusión diplomática. Cuando el aparato estatal se mueve tarde o mal, el costo lo paga el país entero. Aquí estuvo en juego la libre empresa, la política exterior y la soberanía, todo al mismo tiempo.
Y también quedó a la vista otra vez la doble vara. Se vende integración y coordinación hemisférica, pero detrás aparecen textos que pueden tensionar a un socio clave y abrir la puerta a más burocracia sobre inversiones y seguridad. Que no te lo cuenten. El relato se cayó solo.



