Driscoll’s, la mayor empresa de bayas en Estados Unidos, entró en China hace casi 15 años con la idea de convertir los arándanos azules en la próxima gran moda alimentaria del país. Lo consiguió. Después, competidores chinos copiaron sus técnicas, propagaron ilícitamente variedades protegidas de arándano y saturaron el mercado con fruta, haciendo caer los precios.
Ahora Driscoll’s pelea para proteger el negocio que ayudó a crear. Tras invertir en China, la producción local explotó. Entre los nuevos cultivadores extranjeros de arándano, algunos empezaron a usar variedades legalmente protegidas y técnicas de cultivo sin autorización, según registros judiciales e informes de la industria citados por The Wall Street Journal.
China se convirtió en el mayor productor mundial de arándano azul en 2021, con más de 77,000 hectáreas plantadas, según la International Blueberry Organization. Para 2025, estimaciones de la industria colocaban la superficie en más de 105,000 hectáreas y la producción en aproximadamente 810,000 toneladas métricas. La subida empujó los precios a la baja. En un ejemplo, los paquetes de 250 gramos en Shenzhen bajaron de casi 30 yuanes, o cerca de $4.36, a 19.9 yuanes, o aproximadamente $2.89, conforme aumentó la oferta.
El caso muestra el riesgo que enfrentan las empresas occidentales cuando llevan a China tecnología especializada, genética y experiencia productiva. Driscoll’s entró primero en la provincia de Yunnan porque la agricultura convencional presentaba grandes desafíos. Invirtió en producción en invernadero, riego sofisticado y otras técnicas pensadas para cultivar bayas premium en condiciones que no eran naturalmente aptas para ese cultivo. La estrategia funcionó. Los consumidores chinos adoptaron los arándanos azules y Driscoll’s amplió sus operaciones con productores locales. Pero el crecimiento rápido también abrió un problema de propiedad intelectual.
En 2014, la criadora australiana Mountain Blue Orchards licenció en exclusiva sus variedades a Driscoll’s para producir en China. Las variedades recibieron protección de derechos de obtentor en China. Sin embargo, Mountain Blue descubrió después que viveros chinos habían propagado ilegalmente sus variedades. La empresa dice que empezó a encontrar pruebas de propagación no autorizada alrededor de 2018 y 2019. Finalmente, llevó a un vivero a juicio.
En diciembre de 2024, el Tribunal Intermedio Popular de Kunming falló a favor de Mountain Blue en un caso sobre reproducción, propagación y venta no autorizadas de su variedad Ridley 1602, también conocida como Eureka Sunrise. La International Blueberry Organization describió el caso como el primer caso exitoso en un tribunal chino presentado por una empresa no china por propagación ilegal de arándanos.
Pero el problema no se limitó a la genética. The Wall Street Journal reportó que competidores chinos copiaron aspectos de los métodos de producción de Driscoll’s, incluidos diseños de invernaderos y técnicas de riego. A medida que más productores entraron al mercado, la producción china se expandió con rapidez y terminó superando a la de Estados Unidos.
El resultado fue una sobreoferta que complicó el negocio de los productores. Publicaciones del sector han documentado episodios repetidos de exceso de oferta y caída de precios a medida que la producción crece en provincias como Yunnan y Sichuan.
La empresa no ha abandonado China. Sigue operando en el país, mantiene relaciones con productores chinos y busca reforzar la protección de su propiedad intelectual. Mountain Blue también siguió operando en China, aunque en algunos casos pasó de la litigación a acuerdos de licencia con cultivadores.
Algunos indicios muestran que las autoridades chinas y los grupos de la industria están tomando más en serio el problema de la propiedad intelectual. El Comité de Arándano Azul de China fue establecido bajo la Cámara de Comercio de China, con Jae Moon Chun, ejecutivo de Driscoll’s Asia, como vicepresidente. Los miembros de la industria se comprometieron a evitar la producción, reproducción y venta no autorizadas de material de reproducción licenciado.
La lección es incómoda para cualquier empresa occidental: entrar a China con tecnología y conocimiento puede abrir un negocio, pero también puede financiar a los copiones que luego destruyen el precio. Que no te lo cuenten. El mercado crece, sí, pero si la propiedad intelectual no se respeta, el premio termina en manos de la burocracia, de los imitadores y de una sobreoferta que castiga al productor original.
Driscoll’s ayudó a enseñar a China a cultivar arándanos. Ahora China tiene más arándanos de los que sabe qué hacer con ellos. Y el costo no lo paga el relato oficial, sino la empresa que puso la innovación sobre la mesa.


