El régimen de Xi Jinping no se limita a las amenazas verbales sobre Taiwán. Lo que ocurre en el desierto de Taklamakán es más concreto: réplicas a escala real de buques de guerra, cazas y bases navales estadounidenses usadas como blanco de pruebas con misiles reales.
Imágenes satelitales, cuya publicación fue reportada por The Telegraph, muestran en ese remoto rincón del desierto chino los restos de ensayos que se remontan a 2021. Entre los objetivos identificados figuran al menos dos réplicas del portaaviones USS Gerald R. Ford y un destructor clase Arleigh Burke de la Marina de EE.UU. — el mismo tipo de nave que fue revelado públicamente el mes anterior al reporte.
Para simular blancos en movimiento, China construyó una vía férrea de 23 millas: las copias de los buques se colocan sobre plataformas y se desplazan por las vías mientras son atacadas con misiles y artillería. El objetivo destruido actualmente en las vías lleva cinco años siendo de conocimiento público, lo que indica que el programa no es nuevo ni improvisado.
En la misma zona se levantaron pistas de aterrizaje con aviones a escala. El primer grupo incluye dos filas de modelos del F-22, cuatro de los cuales ya han sido destruidos. El segundo grupo está compuesto por cuatro F-16 y seis F-35 — avión furtivo multirol de última generación actualmente en servicio en la Fuerza Aérea de EE.UU., junto al F-22. Aunque Washington no ha vendido ninguno de esos modelos a Taiwán, el régimen de Xi los incluye en sus ejercicios de ataque.
Las imágenes también revelan una recreación de la base naval de Yokosuka, en la costa oriental de Japón — la mayor base naval estadounidense en el Pacífico y hogar de diez destructores clase Arleigh Burke. Adicionalmente, China habría construido réplicas de bases e instalaciones políticas taiwanesas para practicar tácticas de invasión.
Xi Jinping ha declarado públicamente su intención de «reunificar» China y Taiwán, una formulación que analistas y gobiernos occidentales interpretan en la práctica como una anexación por la fuerza.
Que no te lo cuenten. Esto no es disuasión defensiva ni maniobra diplomática: es un programa sistemático, de años, para aprender a hundir la flota que Estados Unidos enviaría a defender Taiwán. Cada réplica destruida en ese desierto es un ensayo de lo que Beijing planea hacer en el Pacífico. La pregunta no es si Occidente debería tomárselo en serio — la pregunta es cuánto tiempo más puede permitirse ignorarlo.



