Inclinar la cabeza durante horas no sale gratis. Según la información recogida, una cabeza erguida pesa unos cinco kilos, pero al inclinarla hacia adelante ese peso sube hasta 27 kilos. Y entre el 60% y el 80% de la población sufrirá dolor de cuello a lo largo de su vida.
Anthony Ghosh, especialista en neurocirugía de columna del NHS en el hospital Queen’s de Londres, recuerda que el cuerpo no está diseñado para permanecer inmóvil frente a los dispositivos. Dijo a la BBC que «la columna lo único que quiere es moverse». También explicó que el movimiento frecuente es indispensable para activar la circulación sanguínea y mantener el tono muscular adecuado.
El tiempo y el uso intensivo de la tecnología aceleran el desgaste de los discos intervertebrales y provocan rigidez articular. Pero la respuesta no pasa por gastar más dinero en una silla ergonómica. La clave, según los expertos citados, está en la movilidad diaria y en fortalecer la musculatura cervical.
Entre los ejercicios propuestos está corregir la «barbilla proyectada». La idea es imaginar un melocotón entre la barbilla y el pecho, sujetarlo con suavidad y, al mismo tiempo, alargar el cuello hacia arriba, abrir el pecho y activar el abdomen.
También se propone la resistencia de los flexores cervicales. La persona debe tumbarse boca arriba, con las rodillas dobladas y las plantas de los pies en el suelo. Luego, llevar ligeramente la barbilla hacia el pecho y despegar la cabeza apenas un par de centímetros. La posición empieza con pocos segundos y puede aumentar hasta 30 segundos.
El tercer movimiento es el fortalecimiento profundo con respaldo. Se hace sentado, con la espalda apoyada en una silla con reposacabezas. La parte posterior de la cabeza presiona suavemente el respaldo durante unos segundos y luego el cuello se flexiona hacia el pecho para relajar. Si se busca más dificultad, se puede usar una banda elástica alrededor de la frente.
La lección es simple. En una era dominada por pantallas, el cuello necesita movimiento, no resignación. Que no te lo cuenten: cuando el aparato tecnológico se convierte en rutina de horas, la factura la paga el cuerpo.
Y aquí aparece otra vez la doble vara. Se vende comodidad digital mientras se normaliza la inmovilidad. El resultado es previsible: más dolor, más desgaste y más dependencia de soluciones que llegan tarde. La prevención, como casi siempre, cuesta menos que el daño.

