La administración Trump desclasificó el viernes un lote de archivos que, según esos documentos, muestra que los expresidentes Bill Clinton y George W. Bush recibieron múltiples advertencias sobre planes de Usama bin Laden y su red terrorista para secuestrar grandes aviones comerciales y atacar a Estados Unidos.
Los informes provienen de documentos antes clasificados, incluidos mensajes presidenciales diarios y memorandos de inteligencia de alto nivel de la CIA. Uno de esos reportes, fechado el 4 de diciembre de 1998, dice: «Algunos miembros de la red de bin Ladin han recibido entrenamiento para secuestros, según diversas fuentes, pero ningún grupo directamente vinculado a la organización al-Qa'ida de bin Ladin ha llevado a cabo jamás un secuestro de aeronaves». El mismo informe añade: «Bin Ladin podría estar evaluando otros tipos de operaciones contra aeronaves estadounidenses».
Otro memorando, del 10 de septiembre de 1998, señalaba que la opción preferida de bin Laden era golpear en suelo estadounidense, en Washington, D. C. Ese reporte advertía que la red terrorista responsable de los atentados contra las embajadas en África Oriental podría incluso volar un avión cargado de explosivos contra una ciudad estadounidense.
Los documentos también dicen que, durante 1998, las agencias de inteligencia de Estados Unidos siguieron los movimientos de bin Laden y su red de apoyo, e identificaron asociados y simpatizantes en varios estados, entre ellos Nueva York, California, Texas, Michigan y Florida.
Las advertencias, según los archivos, no se limitaron a una sola presidencia. Un PDB del 6 de agosto de 2001 entregado a Bush informó que el FBI había detectado patrones de actividad sospechosa dentro de Estados Unidos, consistentes con preparativos para secuestros u otros ataques, además de vigilancia reciente de edificios federales en Nueva York.
Que no te lo cuenten. Aquí no hubo una ausencia total de señales. Hubo señales, memorandos y advertencias. Y aun así el país terminó en tragedia. Cuando el Estado acumula inteligencia y no la convierte en prevención efectiva, la factura la pagan los ciudadanos, no la burocracia.
Otra vez la doble vara. Durante años, la clase política vende capacidad, vigilancia y control. Pero cuando llega la prueba real, el sistema aparece lento, fragmentado y ciego. Eso no borra la culpa de los terroristas. Sí obliga a mirar de frente el fracaso del aparato estatal y la necesidad de exigir responsabilidad donde hoy solo hay ceremonias y excusas.



