CNBC publicó su edición 2026 del estudio anual «America's Top States for Business» y la lista de los diez peores estados para vivir quedó así: Arkansas, Oklahoma, Alabama, Missouri, Utah, Georgia, Louisiana, Indiana, Texas y Tennessee. Los diez son gobernados por republicanos.
La ola de burlas en redes fue inmediata. El comentarista conservador Reverend Jordan Wells escribió en X: «CNBC acaba de publicar su lista de los 10 peores estados… y es pura comedia. Todos son estados conservadores. ¿Cómo es posible que California y Nueva York —con los impuestos más altos del país, un costo de vida disparado y políticas progresistas interminables— no aparezcan?». La colaboradora de Newsmax Chrissy Clark optó por la ironía: «Esto es correcto. Por favor créanlo. Tennessee es HORRIBLE. Definitivamente no deberían mudarse aquí».
El propio CNBC explica su metodología sin rodeos. La categoría «Calidad de vida» representa el 11,6 % de la puntuación total, subiendo desde cerca del 10 % del año anterior. Los criterios incluyen tasas de criminalidad, calidad del aire, atención sanitaria y disponibilidad de guarderías, pero también «la inclusividad de las leyes estatales y los derechos reproductivos», factores que penalizan directamente la legislación conservadora.
El desglose es ilustrativo. Tennessee fue castigado por su ley que exige el uso de baños conforme al sexo biológico, por prohibir ordenanzas locales antidiscriminación y por una resolución del gobernador Bill Lee que designa junio como «Mes de la Familia Nuclear». Utah recibió golpes por su salario mínimo de 7,25 dólares y la escasa disponibilidad de guarderías. Georgia fue señalada por ofrecer «pocas protecciones para personas LGBTQ+».
Lo que el ranking no pondera con el mismo peso: los datos del Censo estadounidense muestran que varios de esos estados lideran la nación en crecimiento poblacional. La gente, al parecer, vota con los pies en dirección contraria a la que señala CNBC.
El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, aprovechó el estudio para presumir en X, según recoge la fuente.
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Que no te lo cuenten. Un medio que factura como referencia financiera decide que la «calidad de vida» depende, en buena medida, de si un estado permite o no abortos y de si sus leyes usan el lenguaje aprobado por el activismo progresista. El resultado es predecible: el ranking no mide bienestar real, mide alineación ideológica. Mientras tanto, los contribuyentes de California y Nueva York siguen financiando los déficits de sus estados y empacando maletas hacia esos mismos lugares «inhabitables». La doble vara no podría ser más evidente.



