Bernardo Fontaine, presidente del directorio de Codelco, lo dijo sin anestesia en Radio Infinita: el plan de inversiones original de la minera estatal chilena «contempla inversiones por 34.000 millones de dólares nuevos, y no hay capacidad de poder financiar eso». Las nuevas inversiones están suspendidas. Solo siguen las ya contratadas y en ejecución.
No es una sorpresa para quienes han seguido el deterioro de la empresa. Fontaine reconoció que el plan original «siempre fue muy optimista respecto de sus proyecciones de producción». Traducción sin eufemismos: décadas de gestión estatal produjeron compromisos que la realidad no puede sostener.
El foco declarado ahora es ser «mucho más competitivos». Una frase que suena razonable pero que llega tarde, después de años de sobreinversión prometida, sindicatos intocables y política industrial disfrazada de estrategia minera.
El ruido arancelario, por ahora, no es el problema central
En paralelo, Fontaine abordó la amenaza arancelaria de Donald Trump. El cobre chileno quedó excluido de la lista de productos con arancel adicional, aunque Trump dejó abierta la posibilidad de aumentos graduales a partir del próximo año.
El directivo se mostró tranquilo: «el cobre es una materia prima esencial para Estados Unidos» y el país del norte «no tiene hoy día posibilidad de desarrollarla por sí misma». Agregó que «cualquier posibilidad de desarrollar una mina de cobre en Estados Unidos va a tomar muchos años» y que ponerle un arancel al metal «sería una ceguera» porque no aumentaría la producción estadounidense.
El argumento tiene lógica de mercado: la dependencia es real y los aranceles al cobre castigarían a la industria norteamericana antes que a Chile. Pero confiar en la racionalidad arancelaria de Washington como única red de seguridad es apostar fuerte.
Lo que el relato oficial no dice
Aquí está la pregunta que nadie en el oficialismo quiere responder: ¿cuánto del deterioro financiero de Codelco es consecuencia de decisiones políticas —cargas tributarias, presiones sindicales, nombramientos por cuota— y cuánto es mala suerte geológica?
Codelco no es una empresa que compite; es un aparato estatal que financia al fisco y absorbe presiones de cada gobierno de turno. Cuando los números no cierran, el contribuyente chileno paga la diferencia o el país pierde inversión productiva. En este caso, ambas cosas a la vez.
La suspensión de nuevas inversiones no es un ajuste técnico. Es la señal de que el modelo de minería estatal sin disciplina de mercado tiene un techo, y Chile acaba de golpearlo.



