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Collins y Jackson convierten el debate en Maine en una pelea por dinero, lealtades y el control del Estado

La senadora republicana y su rival demócrata chocaron por donantes millonarios, disciplina partidaria y hasta el tamaño de la Corte. Otra vez la doble vara: promesas de independencia, pero la política real sigue oliendo a aparato y a cálculo.
viernes 16 de octubre de 2026

Susan Collins y Troy Jackson hicieron de su cuarto debate por el Senado de Maine una disputa cada vez más personal. El eje estuvo en los donantes millonarios, la lealtad a los partidos y la relación de cada uno con el poder en Washington.

Collins cuestionó si Jackson había cumplido su promesa de rechazar a los grandes donantes. Señaló registros de contribuciones de la FEC que, dijo, chocaban con esas afirmaciones. Jackson reconoció: «As far as the billionaires I might have on my campaign, that is accurate». Después agregó que no había hecho «any deals like Senator Collins has with those billionaires» y prometió gravar a los millonarios cuando llegue al Senado.

La respuesta de Collins fue cargar contra la dependencia partidaria de su rival. Dijo que Jackson sería «an automatic vote for the Democrat position, no matter what». Jackson, por su parte, la acusó de mirar por encima del hombro a los votantes de clase trabajadora.

El intercambio subió todavía más de tono cuando un manifestante interrumpió el evento. Collins sugirió que era uno de los simpatizantes de Jackson. Él respondió: «Oh, shut up». Más tarde negó conocerlo.

Collins también defendió su historial de independencia. Puso como ejemplo su voto contra Pete Hegseth y aseguró que, de no haber cambiado de opinión uno de los republicanos, habría sido derrotado. En otro momento, dijo que había votado contra su propio partido más que cualquier otro senador de cualquiera de los dos bandos.

Jackson, a su vez, dijo que estaba abierto a ampliar la Corte Suprema porque «this court obviously is not working». También respaldó límites de mandato y reglas éticas más estrictas, al tiempo que acusó a miembros del tribunal de aceptar regalos y viajes de personas con asuntos ante ellos.

Collins rechazó esa idea y defendió una Corte «insulated from politics». Dijo que aumentar el número de jueces iría «completely against the vision» de los redactores de la Constitución.

La pelea en Maine deja una lección incómoda para los votantes. Los dos candidatos se venden como independientes, pero el debate mostró cuánto pesan el dinero, la disciplina partidaria y la lucha por capturar instituciones que deberían estar por encima del cálculo político.

Y ahí está el problema de fondo. Cuando la campaña gira alrededor de donantes, favores y maniobras para moldear la Corte, el ciudadano no ve representación: ve burocracia, ambición y poder. Que no te lo cuenten. El votante termina pagando la cuenta de una clase política que promete principios y entrega acomodamiento.

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